Un énfasis muy especial del Rey en su discurso de Oviedo, el más importante que pronuncia cada año después del Mensaje de Navidad, para alertar de la crispación y del odio.
Un mensaje pensando a la vez en un contexto internacional pero mirando especialmente a España. Para el Rey Felipe VI, como destacaron analistas políticos a Hechos de Hoy, es esencial dejar al costado la polarización y el odio.
El Rey dejó además un mensaje de advertencia relacionado con el imparable avance de la tecnología que puede conducir a sociedades sin identidad y con vacío espiritual. “En este mundo globalizado de grandes magnitudes y oportunidades, entre avances tecnológicos inimaginables, la deshumanización es un riego latente”, destacó el Rey en la la ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias.
El Rey puso el foco sobre el individuo. Dirigiéndose a los premiados, el Rey subrayó que “el denominador común” entre ellos es “la persona”.
“Todos nos habláis, de manera más explícita o más sutil de alguna de las maneras que hace brillar ese concepto, necesariamente poliédrico”, destacó.
El Rey apuntó que cada uno de los premiados a través de diferentes disciplinas recuerdan con “su ejemplo” que, “en el centro de cualquier discurso, acción o decisión, ya sea en el ámbito económico, social, político o artístico, debe seguir estando –siempre y de manera ineludible– la persona”.
Y el Rey, que siempre tiene muy en cuenta y conoce a fondo el peso de la historia, recordó que “la historia nos alerta de las graves consecuencias de apartarse de ese camino”.
Enfatizó que la historia también “nos alerta de los graves riesgos de la polarización, de la negación del otro por sus convicciones o creencias; porque piensa, reza o vota distinto“.
Al Rey le preocupan, en España y en el mundo, el aumento de los delitos de odio; el auge de redes sociales y plataformas que se han convertido, gracias al anonimato, en verdaderos altavoces de las deshumanización. Y, también le perocupa el auge de formaciones extremistas de diferentes ideologías y sensibilidades que sólo tienen el único objetivo de coartar la libertad de quienes piensan distinto.
Mencionando a la pensadora Adela Cortina, subrayó que “el peor castigo que puede infligirse es la condena a la invisibilidad a ignorar la existencia del otro”.
Aludió a los escenarios de Oriente Medio, Ucrania y África donde se produce «una violación sistemática de los derechos humanos, que nos obligan a una llamada incesante a la contención y a la humanidad”.
Instó a la “denuncia” para que “la paz y la seguridad vuelvan a ser compatibles, complementarias y conducentes a la convivencia o al menos la coexistencia”. Subrayó además la importancia del multilateralismo y la cooperación. “Sin duda, son nuestras mejores herramientas para afrontar los desafíos globales de nuestro tiempo”.
El llamamiento del Rey se dirigió a las instituciones pero también a los ciudadanos para reclamarles que luchen “contra todo aquello que se separe, siquiera un ápice, de ese respeto integral que debemos a la persona, a cualquier persona, a la dignidad de cualquier ser humano”.
Fue claro y rotundo al recordar la obligación de luchar “contra todo lo que se separe de la voluntad y compromiso de seguir construyendo sociedades capaces de convivir, dialogar y trabajar por el bien común”.
El Rey recordó que la defensa de la dignidad de la persona significa también “proteger y fomentar el régimen de derechos y libertades que la garantiza y, que fundamenta nuestra democracia”.
Para construir sociedades más prósperas desde el punto de vista humanista, el Rey subrayó que “esa lucha incesante por la dignidad de los demás es, en definitiva el mayor sustento de la nuestra”. Destacó finalmente que es “una tarea digna y noble la de mostrar, reconocer y celebrar el potencial de todo ser humano”.






