1. Inicio
  2. Secciones
  3. Internacional
  4. El papa Francisco concede a los sacerdotes perdonar el pecado del aborto

LA CARTA ÍNTEGRA

El papa Francisco concede a los sacerdotes perdonar el pecado del aborto

Primero, el Papa señaló que los divorciados no están excomulgados y son parte de la Iglesia. Ahora, Francisco dejó en manos de los sacerdotes perdonar el pecado del aborto.

Hechosdehoy / Hechos de Hoy / Mario M. García
Etiquetado en: ·
fjrigjwwe9r1_articulos:cuerpo

John Henry Newman fue el presbítero anglicano convertido al catolicismo en 1845. Posteriormente se le elevó a la dignidad de cardenal por el papa León XIII. Se le beatificó en 2010 en una ceremonía que presidió Benedicto XVI -el hoy Papa emérito- en el Reino Unido.

Del cardenal Newman fue la reflexión de "mejor equivocarse siguiendo la propia conciencia que acertar contra ella”. Es el camino abierto de forma audaz e inesperada por el papa Francisco apuntando a que las mujeres tienen una conciencia a la que dar cuenta antes que a nadie.

La carta del papa Francisco merece leerse con atención. Habla del aborto. También de los enfermos y las personas ancianas y solas, y la oportunidad de una gran amnistía para presos. Contempla incluso a la tradicionalista Fraternidad San Pío X, fundada en 1970 por Marcel Lefebvre, dejando puertas abiertas para busc ar soluciones de reencuentro con sus sacerdotes y sus superiores.

Se convirtió en todo un anuncio inesperado de Francisco, el jesuita llamado a dejar en su papado la frontera de cambios. Su alegato sobre los divorciados fue histórico -"los divorciados no están excomulgados, son parte de la Iglesia"-. Ahora contempló la cuestión del aborto y la trascedencia del perdón. Para vaticanistas, según informaciones de Hechos de Hoy, esta carta del papa Francisco a Rino Fisichella, presidente del Consejo Pontificio para la Nueva Evangelización, introduce la figura de Jesús en el comienzo del cristianismo, la del rescate de los enfermos y no de los sanos, de los pecadores, y de quienes fueron despreciados.

Mejor que nadie conoce el papa Francisco el terreno frágil que pisa por la resistencia de la Curia a un cambio sobre el aborto. Supone su anuncio inesperado, una muestra de su solidaridad con las mujeres, y su decisión de abrir caminos transversales. Intuye que camina en una dirección en la que su sucesor, un Papa que quizas venga de Asia, avance de forma más decisiva.

De forma oficial anunció que durante la celebración del Jubileo de la Misericordia -desde el 8 de diciembre al 20 de noviembre de 2016- todos los sacerdotes tienen la facultad de absolver a las mujeres que hayan cometido “el pecado del aborto”.

En su carta dirigida a Rino Fisichella, indicó también que se conceda indulgencia a los presos. "Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie", subrayó Francisco a Rino Fisichella, encargado de organizar el Año Santo extraordinario. El gesto de Francisco, con motivo del próximo Jubileo de la Iglesia, permite que todos los sacerdotes, y no sólo los obispos, puedan absolver del pecado de aborto.

La carta íntegra del papa Francisco

"Al venerado hermano

Monseñor Rino Fisichella
Presidente del Consejo pontificio
para la promoción de la nueva evangelización

La cercanía del Jubileo extraordinario de la Misericordia me permite centrar la atención en algunos puntos sobre los que considero importante intervenir para facilitar que la celebración del Año Santo sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes. Es mi deseo, en efecto, que el Jubileo sea experiencia viva de la cercanía del Padre, como si se quisiese tocar con la mano su ternura, para que se fortalezca la fe de cada creyente y, así, el testimonio sea cada vez más eficaz.

Mi pensamiento se dirige, en primer lugar, a todos los fieles que en cada diócesis, o como peregrinos en Roma, vivirán la gracia del Jubileo. Deseo que la indulgencia jubilar llegue a cada uno como genuina experiencia de la misericordia de Dios, la cual va al encuentro de todos con el rostro del Padre que acoge y perdona, olvidando completamente el pecado cometido. Para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Igualmente dispongo que se pueda ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares. Es importante que este momento esté unido, ante todo, al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con un reflexión sobre la misericordia. Será necesario acompañar estas celebraciones con la profesión de fe y con la oración por mí y por las intenciones que llevo en el corazón para el bien de la Iglesia y de todo el mundo.

Pienso, además, en quienes por diversos motivos se verán imposibilitados de llegar a la Puerta Santa, en primer lugar los enfermos y las personas ancianas y solas, a menudo en condiciones de no poder salir de casa. Para ellos será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor que en el misterio de su pasión, muerte y resurrección indica la vía maestra para dar sentido al dolor y a la soledad. Vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en la santa misa y en la oración comunitaria, también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar. Mi pensamiento se dirige también a los presos, que experimentan la limitación de su libertad. El Jubileo siempre ha sido la ocasión de una gran amnistía, destinada a hacer partícipes a muchas personas que, incluso mereciendo una pena, sin embargo han tomado conciencia de la injusticia cometida y desean sinceramente integrarse de nuevo en la sociedad dando su contribución honesta. Que a todos ellos llegue realmente la misericordia del Padre que quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón. En las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad.

He pedido que la Iglesia redescubra en este tiempo jubilar la riqueza contenida en las obras de misericordia corporales y espirituales. La experiencia de la misericordia, en efecto, se hace visible en el testimonio de signos concretos como Jesús mismo nos enseñó. Cada vez que un fiel viva personalmente una o más de estas obras obtendrá ciertamente la indulgencia jubilar. De aquí el compromiso a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie. Será, por lo tanto, una indulgencia jubilar plena, fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad.

La indulgencia jubilar, por último, se puede ganar también para los difuntos. A ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron. De igual modo que los recordamos en la celebración eucarística, también podemos, en el gran misterio de la comunión de los santos, rezar por ellos para que el rostro misericordioso del Padre los libere de todo residuo de culpa y pueda abrazarlos en la bienaventuranza que no tiene fin.

Uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida. Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, sólo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza. El perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre. También por este motivo he decidido conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón. Los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia.

Una última consideración se dirige a los fieles que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X. Este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados.

Confiando en la intercesión de la Madre de la Misericordia, encomiendo a su protección la preparación de este Jubileo extraordinario.

Vaticano, 1 de septiembre de 2015".

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Fill out this field
Fill out this field
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.
You need to agree with the terms to proceed

twitter facebook smarthphone
Menú