El mundo del cine sigue de celebración. Este miércoles se cumplieron cien años del nacimiento del gran cineasta Orson Welles. Un siglo en el que quedó totalmente claro el legado del brillante artista y su paso por la gran pantalla, tanto en la zona de detrás de la cámara como delante de ellas.
Recordado por su brutal escena de La Guerra de los mundos y por el largometraje El ciudadano, ópera prima que filmó a los 25 años y es considerada una bisagra que abrió las puertas al cine moderno, el actor y director supo calar hondo entre los apasionados del mundo cinematográfico.
Welles dejó una película por terminar, The Other Side of the Wind, con más de 1.000 bobinas de material fílmico guardadas bajo llave en un almacén parisino, y cuyo contenido inédito podría estrenarse este año, luego de un largo litigio entre su hija y única heredera, Beatrice, y los productores del filme.
Se trata de un proyecto inacabado y muy personal que Orson Welles rodó entre 1970 y 1976, a intervalos y de forma caótica, y que si bien no era exactamente autobiográfico se centraba en la figura de un legendario director venido a menos que, después de mudarse a Europa, decide regresar a Hollywood para revivir su carrera.
El cineasta comenzó su carrera a los 15 años en Irlanda, “un momento de gloria de mi vida, luego de lo cual todo fue cuesta abajo”, según afirmó en una entrevista para la TV, acerca de los contantes vaivenes en su posterior y reconocida trayectoria. “Me considero una amarga decepción para el negocio del espectáculo”, señaló Welles.
Considerado uno de los artistas más versátiles del siglo XX en el campo del teatro, la radio y el cine, Welles alcanzó el éxito a los 21 años gracias a la obra radiofónica “La guerra de los mundos”, de H.G. Wells, que causó pánico y conmoción entre sus oyentes en todo Estados Unidos.
Este hecho le valió un contrato para tres películas con RKO Pictures, que le otorgó libertad absoluta en sus realizaciones, pese a lo cual sólo uno de los proyectos previstos pudo ver la luz: El Ciudadano(Citizen Kane, 1941), su filme más exitoso, que quedó en la historia gracias a sus innovaciones técnicas y al uso del flashback.
En dicho largometraje tomó el papel protagónico, en el que encarnaba a Charles Foster Kane, un empresario de la prensa sensacionalista que erige un emporio periodístico y que recordaba mucho, por la búsqueda de poder y la forma en que manipulaba la realidad, al magnate periodístico William Randolph Hearst.
Debido a esas semejanzas, Hearst prohibió mencionar la película en sus periódicos e intentó boicotear su estreno por todos los medios, pero la película finalmente llegó a las salas y se convirtió en un éxito en cuanto a la crítica aunque no tanto en el aspecto económico.
Entre sus películas se destacan algunas que dirigió y protagonizó en base a obras homónimas de William Shakespeare, tales como Macbeth (1948), que filmó en sólo 21 días, Otelo (1952), que financió él mismo y debió filmar durante cuatro años a causa de la falta de presupuesto, y Falstaff (1965), inspirada en diversas obras de Shakespeare que tienen como hilo conductor al dudoso Sir John Falstaff.




