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La ciencia abierta como modelo para el futuro. (Foto: Unsplash)

AVANCES Y DESAFÍOS

El futuro de la investigación necesita ciencia abierta

Conseguir el acceso abierto total, tal y como defiende la ciencia abierta, y evaluar el impacto es fundamental para el avance de una ciencia más democrática. Un estudio destaca que parte de la comunidad científica aún no tiene claro cuáles son sus principios y prácticas.

Hechosdehoy / UOC / Laura Rodríguez y Rubén Permuy
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En su momento la pandemia manifestó la necesidad de una ciencia más transparente y democrática. El mundo fue capaz de producir vacunas en tiempo récord gracias a la apertura del conocimiento y a la colaboración a gran escala. Este enfoque, que es el que defiende la ciencia abierta, cobra cada vez más importancia en las universidades y los sistemas de investigación públicos, y forma parte de la transición que defiende la Comisión Europea.

Una investigación reciente, liderada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y publicada en la revista científica de libre acceso PLOS ONE, revela cuáles son los avances y desafíos a los que se enfrentan los investigadores para adoptar este nuevo paradigma.

El estudio —coordinado por Candela Ollé, profesora e investigadora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación, y con la participación de Alexandre López-Borrull, del Grupo de investigación en Aprendizajes, Medios y Entretenimiento (GAME)— se basó en las respuestas de más de 500 investigadores de diversas disciplinas y ámbitos a preguntas sobre cuatro aspectos esenciales de la ciencia abierta: el acceso abierto a las publicaciones científicas, los datos abiertos, el proceso de publicación y la revisión por pares.

Las preocupaciones de los investigadores

Una de sus principales conclusiones fue que, a pesar del creciente interés por el tema, hay una falta de conciencia generalizada sobre los principios y prácticas de la ciencia abierta. De hecho, alrededor de un tercio de los investigadores confesó no tener una idea clara de lo que implicaba este nuevo modelo, incluso con las directrices, los mandatos y la legislación creciente sobre este tema.

“Lo que vimos es que todavía falta mucha promoción, formación y persuasión”, dice Ollé. “Para poder avanzar, la ciencia abierta tiene que ir más allá de la cuestión del qué y empezar a preguntarse sobre el cómo”, añade.

El estudio reveló una serie de barreras que impiden la adopción de la ciencia abierta entre los investigadores. Entre las principales preocupaciones se encontraban las limitaciones financieras para cubrir los costos de publicación en acceso abierto, la falta de capacitación en gestión de datos, y las garantías de confidencialidad y privacidad de los datos de investigación.

La ciencia abierta como modelo para el futuro

A pesar de estos desafíos, la investigación también identificó una serie de progresos prometedores en este campo. Por ejemplo, más de la mitad de los investigadores encuestados afirmaron haber publicado en los últimos dos años en revistas abiertas con sistemas de revisión por pares, lo que sugiere una creciente aceptación de esta práctica.

Las declaraciones de Budapest y de Berlín de 2001 y 2003, respectivamente, y, más tarde, la Declaración de Bucarest de 2012 han servido para reafirmar las bases internacionales de este movimiento. En España, la Ley de Ciencia estatal de 2022, o la reciente estrategia catalana de ciencia abierta, también apuestan por fortalecer este enfoque como modelo.

“La ciencia abierta es una forma de devolver a la comunidad el conocimiento que adquiere la academia y establecer un sistema más justo”, explica Ollé. “Además, al incorporar ciertos elementos de ciencia ciudadana, permite tener en cuenta de modo más directo las problemáticas que interesan a la sociedad”, añade.

Recomendaciones para avanzar

Con el fin de abordar las barreras para consolidar este nuevo paradigma, el estudio aporta ciertas recomendaciones. Los investigadores deben reclamar a las instituciones académicas apoyo técnico, financiero y de formación. Las bibliotecas de la academia necesitan hacer un trabajo sistemático con los colectivos menos concienciados con las publicaciones en abierto y sobre cómo preservar la confidencialidad ante las prácticas de las revistas científicas. Por último, las universidades tendrían que abrir un debate interno para promover métodos de evaluación que no dependan exclusivamente del factor de impacto.

Según Candela Ollé, estamos en un momento clave, ya que solo afinando los mecanismos para llevar a cabo este modelo podrá crearse un compromiso estable por parte de todos los actores. “Hasta ahora hemos estado en una primera fase, en la que hemos definido la ciencia abierta, pero ahora hay que hacer un seguimiento para poder progresar”, comenta. De esta forma se podrá avanzar hacia un sistema de investigación más transparente, inclusivo y accesible para todos.

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