¿De verdad que hay necesidad de esto, Sr. Tornatore? Que esta es una de mis grandes películas preferidas de la historia del cine lo habrán deducido de la elección de escribir sobre ella. Desde que leí que se iba a convertir en serie, me dije: “tengo que alzar la voz en contra de esta agresión al celuloide y lo que esta cinta ha logrado durante todos estos años”.
Esta película es un mito y así debe seguir en la mente de los que la idolatramos. Que no somos pocos. Pero bueno, para defender la decisión del director italiano, diremos que, quizás, y sólo quizás; quieran hacer una versión para que la gente joven vuelva a disfrutar de esta bella historia de amor romántico por el cine proyectado en las paredes de cualquier pueblo de nuestra geografía. Es la única opción que me vale como excusa.
Porque, intuyo que los que tenemos la película original en el pedestal en el que merecidamente la hemos subido, no vamos a ver la serie. Esos lagrimones que he vertido cada una de las mil quinientas veces que la he visto no pueden quedar en el olvido.
Por ahora, Giuseppe Tornatore, el director, está trabajando en el guion y el capítulo piloto. Pero no creo que, viendo la serie, podamos olvidar las interpretaciones tan magistrales de Philippe Noiret (Alfredo el proyeccionista) y Salvatore Cascio (Totó, de niño) sin hacer las comparaciones de rigor.
Y creo que tengo a mis ganadores sin ver la nueva versión. Y, como es obvio, se estrenará en streaming en alguna plataforma con las que se está negociando. Que triste que una oda al cine de celuloide acabe engullida y siendo pasto de las tecnologías digitales. Como ya dije en artículos anteriores: “Lo siento, pero el cine se muere”.








