Estados Unidos se mantiene en contacto con la Unión Europea. En la Casa Blanca se observa con extrema preocupación la situación en Ucrania donde Rusia pasó a comportarse como adversario en lugar de aliado y socio.
El secretario de Estado de EE.UU., John Kerry, amenazó al ministro de Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, con "consecuencias adicionales" si Rusia no actúa para rebajar la tensión en el este de Ucrania, después de que los activistas prorrusos tomaran tres comisarías y un edificio oficial en esa zona. De Crimea a Sloviansk, Washington ya no duda de que Ucrania se convirtió en la peor crisis entre Este y Oeste desde el final de la guerra fría. El análisis de Washington coincide con el ambiente de alarma en Berlín (una cuestión destacada por Hechos de Hoy) donde, desde un primer momento, se advirtió de la gravedad de esta crisis geopolítica.
El Departamento de Estado por su parte confirmó una nueva llamada de Kerry a Lavrov. "Kerry expresó su gran preocupación de que los ataques por parte de militantes armados en el este de Ucrania estuvieran orquestados y sincronizados, de forma similar a ataques anteriores en el este de Ucrania y en Crimea". "Los militantes estaban equipados con armas especializadas rusas y con los mismos uniformes que vestían las fuerzas rusas que invadieron Crimea", se señaló.
Kerry tiene previsto mantener esta semana en Ginebra una reunión a cuatro bandas con Lavrov, representantes del Gobierno de Ucrania y de la Unión Europea para buscar una salida a una crisis explosiva.
La Casa Blanca anunció a la vez que el vicepresidente de EE.UU., Joe Biden, viajará el próximo 22 de abril a Kíev para reunirse con miembros del Gobierno interino de Ucrania y expresar su apoyo ante la "campaña orquestada de incitación y sabotaje" de los activistas prorrusos en el país.




