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Zverev y Alcaraz, extenuados después de un partido épico. (Foto: @AustralianOpen)

5 HORAS Y 27 MINUTOS

Alcaraz se sobrepone a vómitos y calambres, vence a Zverev y está en la final de Australia

En la semifinal de Melbourne, Carlos Alcaraz luchó contra el calor, vómitos, calambres y el mejor Alexander Zverev para vencer tras cinco horas y media de batalla que pasó de mental a física y por poco le dejó KO.

Hechosdehoy / Samuel Murphy / Europa Press

En un partido increíble de 5 horas y 27 minutos, Carlos Alcaraz se metió este viernes en la final del Abierto de Australia. Alcaraz luchó contra el calor, los vómitos, los calambres y el mejor Alexander Zverev para vencer en una batalla que pasó de mental a física y que por poco le dejó KO. El español derrotó al alemán en cinco sets (6-4, 7-6, 6-7, 6-7, 7-5) en un partido marcado por los calambres sufridos en el ecuador del tercer parcial. Alcaraz se aferró a su talento para sobrevivir y remontar en el quinto set para seguir soñando con completar la colección de Grand Slams. Fue uno de esos partidos que se recordarán por mucho tiempo.

Al comienzo del tercer set, Alcaraz sintió náuseas. “Vomité. No sé si debería tomar algo”, le dijo a su palco después del 3-3. Luego sufrió calambres y se le concedió un tiempo muerto médico. Zverev se quejó al juez de silla, diciendo: “Es increíble que le permitieran recibir tratamiento para los calambres. Es increíble. No me podéis hacer esto. Esto es una mierda”, gritaba el alemán desesperado.

Mientras, Alcaraz recurrió, presumiblemente, a una receta casera para paliar el dolor y los efectos de sus calambres, concretamente, el jugo o la salmuera de un bote de pepinillos en vinagre. Una receta que ya le salvó en una final de Roland Garros y que utilizan también los corredores de maratones.

En la entrevista, tras el partido, con el público absolutamente “no fire”, le preguntaron a Alcaraz cómo, por el amor de dios, logró ganar. “Creyendo”, dijo Carlos, y repitió “creyendo”.

Alcaraz disputará el próximo domingo su primera final en Melbourne y lo hará después de una victoria épica ante un Zverev que lo tuvo en su mano y lo dejó escapar tras otra muestra del carácter irreductible del número uno del mundo. El español se sobrepuso a los calambres que le impidieron moverse durante cerca de una hora del encuentro en la que jugó “tieso”, y en los que su rival aprovechó para igualar un marcador desfavorable de dos sets abajo.

Zverev llegó a tener servicio con 5-4 para hacerse con el billete, pero Alcaraz, como ya hiciese el año pasado ante Jannik Sinner en la final de Roland Garros, fue capaz de agarrarse a la pista para darle la vuelta al marcador y jugar su octava final de Grand Slam.

Alcaraz tendrá una cita con la historia el domingo en la Rod Laver Arena donde a sus 22 años, 8 meses y 26 días, buscará convertirse en el tenista más joven de la historia en ganar los cuatro “grandes” con un séptimo con el que igualaría a leyendas como el estadounidense John McEnroe o el sueco Mats Wilander.

Un partido épico

Ahora toca centrarse en recuperar su mejor físico tras protagonizar el tercer partido más largo de la historia del torneo donde su servicio volvió a resultar clave y donde acabó con un total de 78 ganadores, 22 más que Zverev. 200 puntos ganó el español por 194 del alemán, prueba de la máxima igualdad que hubo bajo el calor de la Rod Laver Arena.

El partido arrancó con los saques imponiéndose hasta el tramo decisivo del primer set. Con 3-3, Alcaraz amenazó por fin con una primera bola de rotura, salvada con un gran primero del alemán, y repitió en el siguiente servicio del de Hamburgo. Ayudado por dos dobles faltas Sascha, Carlos conseguiría el ansiado break para luego finiquitar la manga implacable con su servicio, con el que sólo perdió cinco puntos.

La inercia del encuentro parecía ir más hacia lo que quería el español y los puntos cada vez se desarrollaban con peloteos más largos. Además, los primeros trucos de magia de Alcaraz aparecerían para el deleite de una Rod Laver Arena abarrotada con 15.000 espectadores. Sin embargo, tras no aprovechar una bola de rotura en el primer servicio de Zverev, no pudo sujetar por primera vez el suyo y el de Hamburgo tuvo el set en su mano (5-2).

La fuerza mental de Alcaraz apareció por primera vez para quebrar el saque de Sascha y recuperar el terreno perdido en un parcial que se terminó de decantar a su favor en el tie-break y tras haber desperdiciado previamente un 15-40 con 5-5. Fue una muerte súbita en la que los servicios parecían inquebrantables hasta que con 6-5 y bola de set al resto, el murciano asestaría el golpe definitivo al parcial para colocarse a un solo set de su primera final en el Abierto de Australia.

La batalla pasa de mental a física  

Las sensaciones eran mucho mejores las de Alcaraz en una batalla mental que tornaría a física. Con 4-4 y saque, el murciano empezó a sufrir calambres en las piernas e incluso llegó a vomitar en la pista, un susto y segunda prueba de fortaleza mental que supo superar para alcanzar otro tie-break, con Zverev enfadado, con razón, con la juez de silla porque el español recibió tratamiento por sus calambres, algo que no está permitido.

Aún así, el tenista alemán, tras levantar un amenazante 0/30 con 6-5, no dejó pasar su teórica ventaja para llevarse la muerte súbita (7/3) y llevar el duelo a una cuarta manga con el español al límite y unas sensaciones que recordaban a la semifinales de Roland Garros ante el serbio Novak Djokovic en 2023.

Y ahí fue cuando Alcaraz activó el modo supervivencia, apoyado en su servicio, a la espera de que su físico le fuese dando una tregua. Zverev no aprovechó un óptimo 15-40 con 3-2 y no volvió a encontrar resquicios lo que le hizo jugarse sus opciones en un tercer tie-break donde de nuevo fue mejor (7/4).

Para la batalla final, la mejor noticia para Alcaraz era que su condición era algo mejor, algo necesario más que nunca tras perder su segundo servicio del partido y verse abajo en el quinto y definitivo set y con su rival jugando muy sólido y a gran nivel.

El número uno del mundo pudo recuperar el break, pero no sacó partido a sus bolas de rotura y se vio contra las cuerdas con Zverev sacando para ganar el partido con 5-4. Al alemán le aparecieron fantasmas del pasado, no sujetó su poderoso saque y terminó cayendo con un nuevo break tras un innecesario error con su drive y una volea ante un passing en carrera del español que se estrelló en la red.

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