La presidencia del Banco Central más importante del mundo, la Reserva Federal (Fed) de EEUU, deberá renovarse al inicio de 2014. Está prácticamente descartado que su actual inquilino, Ben Bernanke, tras dos periodos en ese cargo prorrogue su mandato. En consecuencia, el sucesor al frente de la Fed tendrá como principal responsabilidad gestionar la retirada de las decisiones excepcionales de estímulos monetarios adoptadas desde el inicio de la crisis.
El próximo presidente deberá gobernar un sistema complejo, constituido por los 12 bancos que integran el sistema federal y más de 18.000 empleados. Además de la política monetaria, el sistema de la Reserva Federal es responsable de la regulación bancaria, aún más tras las nuevas regulaciones adoptadas, y de la gestión del sistema de pagos. No hace falta insistir en que el impacto de cualquier decisión que se adopte en esa institución trasciende los intereses estadounidenses para marcar el paso a los demás bancos centrales y condicionar el comportamiento de la economía global.
Existen -como avanzó Hechos de Hoy– dos los candidatos más destacados: Janet Yellen y Lawrence Summers. Ambos reúnen algunas de las condiciones consideradas tradicionalmente convenientes para una posición tal: respetables académicos, conocimiento de la realidad financiera y dilatada experiencia pública al más alto nivel. Aunque, en realidad, hasta que asuman su función será difícil evaluar la capacidad para abordar propósitos tan sensibles en un momento tan singular como el actual. Las habilidades para la gestión de crisis económicas y financieras como la que se desencadenó en el verano de 2007 no es algo que se adquiera por vías convencionales.
Summers estuvo en el Tesoro con Robert Rubin en la gestión del tequilazo durante la presidencia de Clinton y como secretario del Tesoro y presidente del Consejo Económico con Obama. Cuenta, además, con una controvertida experiencia como rector de la Universidad de Harvard.
Yellen es vicepresidenta de la Fed desde hace tres años, y antes fue presidenta del banco correspondiente de San Francisco. A pesar de sus claras preferencias demócratas, coexistió muy bien con Ben Bernanke, designado por George W. Bush en 2005. En realidad, fue el apoyo más importante a la estrategia de estímulo definida por la Fed como respuesta a la crisis. Con ella en la presidencia podríamos tener más seguridad de que no retirarían los estímulos monetarios de forma precipitada y, por tanto, de que confirmaría el compromiso de mantener los tipos de interés en los niveles actuales hasta que la tasa de paro no alcance el 6%. Un compromiso que sigue siendo muy importante: con independencia de la recuperación en que está inmersa esa economía.
Summers, escéptico ante los estímulos
Summers, por su parte, mostró en una conferencia reciente su escepticismo acerca de la virtualidad de las tres ediciones de Quantitative Easing (QE) aplicados por la Fed. Además, para no pocos votantes y senadores demócratas (20 de ellos acaban de firmar un manifiesto en apoyo de Yellen) se cuestiona su grado de independencia de Wall Street. En la memoria sigue la defensa que junto a Rubin hizo de la desregulación financiera en la época Clinton. Yellen, por su parte, dejó clara su posición sobre el reforzamiento de las exigencias de capital de los grandes bancos en la gestión de esta crisis.
Summers tiene una bien ganada reputación de autosuficiente, consciente de su brillantez. Irascible en ocasiones. De Yellen, sin embargo, es alabada su capacidad para deliberar, para encontrar consensos. Es partidaria de la adopción de decisiones en cierta medida colegiadas, como demostró en las sesiones del órgano decisor en política monetaria de la Fed, el Federal Open Market Committee (FOMC). En este órgano, como sus actas revelaron, es raro que se imponga sin más una opinión aislada, por autorizada que ésta sea.
En realidad, el presidente es uno más de los siete miembros del Consejo de Gobernadores y los presidentes de los 12 bancos del país, aunque solo cinco de estos últimos tienen voto, dependiendo de los años. Además de estas decisiones de política monetaria, algunas regulatorias también se adoptan colegiadamente por los siete miembros del consejo.




