El empresario José María Ruiz-Mateos falleció a los 84 años en el hospital Santa María del Mar. El entierro se celebra este martes en Rota, la localidad natal del empresario.
El célebre propietario y administrador de numerosas sociedades fallidas como Rumasa, ingresó en el centro hospitalario el pasado 17 de agosto con una fractura de cadera producida tras caerse en el chalé que la familia tiene en la urbanización Vistahermosa, en El Puerto de Santamaría, donde pasaba sus vacaciones.
Varios medios apuntaron el fin de semana al mal pronóstico de salud. Recogieron las impresiones de la familia, reunida en el centro hospitalario, con rostros de preocupación, sabiendo que eran las últimas horas del fundador de Rumasa.
Desde hacía meses ya presentaba un empeoramiento. A principios del mes de julio fue ingresado en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid tras pasar su primera noche en la prisión de Soto del Real. Según su relato, unos agentes de la Policía Nacional se personaron en su domicilio y le trasladaron en ambulancia hasta la cárcel de Soto del Real sin comunicar tal circunstancia a su abogado y, por tanto, sin asistencia letrada en tal momento.
El médico forense de la Audiencia Provincial confirmó que el fundador de Nueva Rumasa -que a finales de abril también estuvo ingresado en la Fundación Jiménez Díaz– padecía una enfermedad sobrevenida que le impedía ejercer con normalidad el derecho de defensa.
Hay que recordar que actualmente, sobre Ruiz-Mateos, pesaban varias acusaciones de estafa, insolvencia punible y fraude a Hacienda, causas en las que también están implicados varios de sus hijos. "No quiero morirme sin haber devuelto el dinero a todos los que confiaron en mi", repetía una y otra vez a todos los que acudían a visitarle en los últimos meses.
Una vez que tuvo lugar la expropiación del grupo, integrado por unas 230 empresas y 65.000 empleados, comenzó una dura lucha judicial y personal entre la familia y el Gobierno, con episodios que quedaron grabados en la retina de los españoles, como fue el famoso puñetazo a Miguel Boyer en mayo de 1989, ministro de Hacienda en esa época. De esta manera, el fundador de Rumasa pasó a ser de un emprendedor modelo a protagonista de uno de los escándalos financieros que nunca tuvo tregua.
– Ver en Hechos de Hoy: Evitar una guerra de divisas, la misión del Grupo de los 20




