Podemos hablar de una quiebra cuando los gastos son muy superiores a los ingresos y no se puede hacer frente a los compromisos adquiridos. (Foto de Towfiqu barbhuiya en Unsplash)

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Un par de historias sobre bancarrota en los Estados Unidos

Hay una figura que causa temor en todo el mundo cuando pensamos en nuestra economía, y no es otra que la bancarrota o quiebra, un estado jurídico y económico al que nadie quiere llegar.

Hechosdehoy / UN / Fat

Manejar las finanzas personales o de nuestro negocio se resume en una constante toma de decisiones, que van desde la búsqueda de las mejores opciones para préstamos como los que se ofrecen en Fintudy, hasta el destino que le daremos a las ganancias. Evidentemente siempre el objetivo es generar ganancias, pero muchas veces toma tiempo lograrlas y en ocasiones, algunas decisiones equivocadas pueden derivar en problemas. En todo caso, hay una figura que causa temor cuando pensamos en nuestra economía, y no es otra que la bancarrota o quiebra, un estado jurídico y económico al que nadie quiere llegar.

En términos muy simples, podemos hablar de una quiebra cuando los gastos son muy superiores a los ingresos y no hay formas de cumplir los compromisos adquiridos con un tercero, como pueden ser el pago de los préstamos o de las hipotecas. En ese momento los acreedores, bien sean privados o la banca pública, demandan que se cumpla con las deudas adquiridas y ejecutan la opción legal de exigir los bienes o el dinero disponible, para saldar dicho compromiso. Como hemos dicho, a veces las malas decisiones, junto con las dinámicas económicas de los países, y en algunos casos, actos fraudulentos pueden llevar a una persona, empresa o institución a la quiebra.

En los Estados Unidos, declararse en bancarrota no significa una pérdida del patrimonio. En el caso de las empresas o instituciones, ni siquiera es necesario un cambio de gerencia una vez se declaran en quiebra. Tienen la obligación eso sí, de reestructurar la economía de la empresa bajo las condiciones que establezcan los acreedores. Esto ha permitido que muchos usen la figura de la bancarrota, para dar por terminado algún proceso jurídico y empezar de cero, pero siempre a un alto costo: la pérdida de la confianza de los posibles inversionistas.

La quiebra de Detroit

A veces no queda otra opción y esto ocurrió en la ciudad de Detroit en 2013 cuando se declaró en bancarrota. Apodada la “Ciudad del motor” se caracterizaba por el poder de su industria automotriz pero empezó una debacle económica en la década de los 60, producto de los intensos conflictos raciales y el auge en el sector automotriz en Alemania y Japón.

Esto generó una migración de sus ciudadanos que redujo la población a algo más de la mitad, concretamente unas 700.000 personas en solo 60 años. El desempleo y la pobreza fueron aumentando hasta que la situación se hizo insostenible. La recesión vivida por este país del continente americano en el año 2007, contribuyó a éste escenario, y obligó al entonces gobernador Rick Snyder, a declarar la bancarrota unos años más tardes. En términos jurídicos, Detroit, salió de ese estado al año siguiente, pero no sería hasta 2018 que se empezaría a notar una recuperación en la economía de la ciudad.

El fin de Blockbuster

Blockbuster fue, en la década de los noventa, una de las empresas de mayor crecimiento. Fundada en la ciudad de Dallas, Estados Unidos contaba con un funcionamiento sencillo: tiendas propias o franquicias donde el cliente podía rentar películas o videojuegos para disfrutarlos en casa. Eso sí, si regresabas la película fuera del tiempo establecido, te exponías a una multa. Las familias o los grupos de amigos se acercaban a algún establecimiento y elegían una o varias de las opciones disponibles. Era una alternativa muy viable, para disfrutar de las películas sin necesidad de ir al cine o esperar su transmisión en la televisión.

Éste modelo de negocio le permitió a Blockbuster un crecimiento acelerado. Desde la gerencia de la empresa vieron la oportunidad de poner un local o franquicia en cada ciudad de los Estados Unidos y en cada país del mundo, sin medir posibles consecuencias. Para 1995 se contabilizaban más de 1400 locales internacionales.

Sin embargo este crecimiento exponencial hizo que empezaran las dificultades para la empresa y para inicios de la década de los 2000, los problemas de Blockbuster seguían incrementándose. Tradicionalmente las películas eran adquiridas en cintas de VHS pero en 2004 la aparición del DVD, y sus bajos costos, cambiaban el escenario. Ahora el cliente podía comprar las películas que quisiera, por un menor precio. Además empezaba a ser una opción real la televisión por cable.

Ante estos avances las tiendas en España y Ecuador cierran, y otras buscan adaptarse para mantenerse a flote. Pero con la llegada de internet a los hogares y la posibilidad de descargar películas, junto con el surgimiento de Netflix, Blockbuster no tenía mucho más para dar y en 2010 la empresa se declaró en bancarrota. Aunque siguió operativa unos años más, los planes de crecimiento exagerado y la incapacidad de adaptarse a los cambios tecnológicos dieron fin a lo que fue una de las grandes referentes del entretenimiento mundial.

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