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LA TRAGEDIA BRUTAL

Un padre destrozado, el fiscal valiente, y el grito de rabia del comandante

Francisco, en el Domingo de Ramos, al comenzar la Semana Santa, mostró de nuevo la impresión personal que la causó todo lo que ha rodeado a la tragedia de Germanwings.

Hechosdehoy / Hechos de Hoy / Mario García
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En el Domingo de Ramos, al comenzar la Semana Santa, el papa Francisco llevó al centro de la procesión de las palmas, en Ciudad del Vaticano, la oración y el recogimiento por las víctimas de la tragedia de Germamwings.  A Francisco le llenó de dolor esta tragedia, y toda la investigación escabrosa que ha consternado a las familias de las víctimas y llenado de horror a Alemania, Francia y España, los tres países europeos golpeados con más fuerza por esta catástrofe aérea.

El martes 24, el Airbus A320, con 150 personas a bordo, se estrelló contra una pared de piedra del macizo alpino de los Trois-Evêchés, a 700 kilómetros por hora. A las 11.10 los helicópteros divisaron los restos del avión, pulverizados y esparcidos en dos hectáreas. Sabían al verlo que no había supervivientes. Lo que ignoraban entonces es que no fue un accidente (ver en Hechos de HoyMaría W. desveló el plan de Andreas para convertir su sueño en una maldición).

¡Abre la maldita puerta!

En la tragedia de los Alpes se reconstruyó el perfil del copiloto, Andreas Lubitz. Emergió la personalidad valiente del fiscal de MarsellaBrice Robin. Se supo que el padre de quien estrelló el avión es un hombre abatido, un padre destruido, que asume sobre sus hombros todo el peso de la tragedia.

Se han reconstruido las últimas horas de Andreas Lubitz pero no se conocían los contenidos de audio de una de las cajas negras.

"¡Por el amor de Dios, abre la puerta!", suplica el comandante del aparato, según Bild, cuando se da cuenta de las intenciones de estrellar el aparato de Andreas Lubitz. "¡Abre la maldita puerta!" quedó como una de las frases que quedó registrada en la caja negra del vuelo de Germanwings que se estrelló el pasado martes en los Alpes con 150 personas a bordo.

El comandante suplicó al copiloto al comprender perfectamente lo que estaba sucediendo. Andreas Lubitz, según el relato del fiscal francés, Brice Robin, se encerró en la cabina del avión "con la intención de destruirlo".

El comandante del avión de Germanwings, Patrick Sondheimer, intentó entrar en la cabina a golpe de hacha tras suplicar al copiloto que abriera la puerta. Las grabaciones del vuelo recogidas por la Fiscalía revelan un lapso de once minutos desde que el comandante abandona la cabina hasta que el avión se estrella en los Alpes.

Nada más terminar la comprobación del protocolo de aterrizaje, sobre las 10.27 de la mañana, el copiloto Andreas Lubitz indica al comandante Sondheimer que ya puede abandonar la cabina para ir al lavabo. "Ya puedes salir", dice Lubitz. Dos minutos después, el avión comenzó su descenso. A las 10.32, los controladores de tráfico intentan contactar con el avión, sin respuesta. Es en ese momento cuando se escucha un golpe en la puerta. Es el comandante Sondheimer, consciente de que el avión ha iniciado el descenso e intenta entrar.

"Por el amor de Dios, abre la puerta", grita Sondheimer. A las 10.35 -siempre según la hora de la grabación-, se puede escuchar "un fuerte ruido metálico" contra la puerta de la cabina, posiblemente los golpes de hacha que propina el capitán. A las 10.36, Sondheimer grita "¡Abre la maldita puerta!". Es la última vez que se escucha su voz en la grabación. El avión se estrelló a las 10.40, según los registros de vuelo. Lubitz permaneció en silencio durante todo el descenso e ignoró hasta dos avisos de los ordenadores  para ganar su altitud.

En esta grabación, se revela que el comandante, a las 10:27 y a 11.600 metros (38.000 pies) de altura le pide al copiloto que vaya preparando el aterrizaje a Düsseldorf y éste le responde entre otras palabras con un "ojalá" y un "vamos a ver", lo que hace pensar que estaba decidido a estrellar el avión. 

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