El Auditorio Nacional de Música de Madrid se convertirá los próximos días 25 y 27 de mayo a las 19:30 horas en el epicentro de la excelencia sinfónica europea. Ibermúsica redobla su apuesta por la originalidad y la brillantez técnica reuniendo en su programación a dos formaciones de personalidad arrolladora. Dos conciertos que, más allá de la incuestionable calidad de sus atracciones, destacan por el magnetismo de sus directores, el inteligente contraste de sus repertorios y la oportunidad de asistir a hitos artísticos memorables. Cruzar los perfiles de Iván Fischer y Sir John Eliot Gardiner representa el choque y el encuentro de dos de las visiones más revolucionarias, inconformistas y respetadas de la dirección de orquesta de las últimas décadas. Si Fischer es el humanista que busca la máxima cohesión y complicidad del sonido romántico, Gardiner, es el sabio infatigable que desentierra la energía original del Clasicismo con la frescura de un debutante.
El Romanticismo más telúrico
La primera cita el lunes 25, correrá a cargo de la Budapest Festival Orchestra. Fundada en 1983 por Iván Fischer —quien sigue gobernando sus atracciones con una complicidad casi mística—, esta formación ha roto moldes en el panorama internacional gracias a su flexibilidad y a un sonido intensamente empático, cálido y orgánico. Para esta apertura de doblete, Fischer ha diseñado un programa que viaja directo al corazón del romanticismo decimonónico alemán, conectando la naturaleza más desbordante con el drama humano. Le acompañan en el escenario la soprano Ingela Brimberg y el barítono Hanno Müller Brachmann
Del optimismo del Rin a las llamas de Wagner. De entrada, llega Robert Schumann y su Sinfonía núm. 3 en Mi bemol mayor, Op. 97, “Renana”. Compuesta en 1850 durante un breve oasis de felicidad antes de que los fantasmas de la locura acosaran definitivamente al autor, esta sinfonía desborda el optimismo y la vitalidad del paisaje del Rin. Hay que dejarse llevar especialmente por su célebre cuarto movimiento: inspirado en la impresión que le causó a Schumann la imponente Catedral de Colonia, el majestuoso sonido de los trombones recrea la solemnidad y el misticismo de una ceremonia eclesiástica entre muros góticos.
Luego llega el turno de Richard Wagner, con la sensacional Escena final de “La Valquiria”. Como broche de oro, la orquesta se sumergirá en una de las páginas más desgarradoras y célebres de la historia de la ópera. Asistiremos a la despedida entre el dios Wotan y su hija preferida, la valquiria Brünnhilde, a quien condena a un sueño profundo rodeada por un anillo de fuego mágico. Aquí la orquesta deja de ser un mero acompañamiento para convertirse en el motor dramático absoluto; los motivos musicales (leitmotive) se entrelazan en un crescendo de texturas infinitas que Iván Fischer suele moldear con una plasticidad asombrosa.
Fischer no es solo un director de técnica impecable; es un visionario de la estructura orquestal. Mientras que muchos directores de su nivel saltan de titularidad en titularidad en las orquestas “tradicionales”, él prefirió fundar la suya propia en 1983 (la Budapest Festival Orchestra) para moldearla a su antojo. Odia la rutina del músico de orquesta tradicional. En su formación, obliga a los músicos a tocar música de cámara en pequeños grupos, e incluso ha llegado a hacerles cantar a coro en mitad de los conciertos. Busca que la orquesta funcione como un solo organismo vivo y flexible. Con Schumann y Wagner (el programa del día 25), su enfoque destaca por una calidez, un lirismo y una transparencia emocional que huyen de la pomposidad pesada.
Nace una “Constelación” con Sir John Eliot Gardiner
Apenas 48 horas después, los focos apuntarán a uno de los regresos más esperados y comentados de la temporada: el de Sir John Eliot Gardiner. El legendario maestro británico desembarca en Madrid liderando su nuevo y ambicioso proyecto, The Constellation Orchestra, una agrupación nacida en agosto de 2024 bajo el paraguas de su plataforma interdisciplinar Springhead Constellation.
Con sede en la histórica granja familiar de Gardiner en Dorset, este proyecto busca conectar la interpretación musical con la filosofía, la ciencia y la ecología. Su brazo sinfónico se nutre de una auténtica “constelación” de los mejores instrumentistas internacionales especializados en criterios históricos. No es una orquesta estática, sino un laboratorio dinámico capaz de abordar los repertorios con el característico rigor rítmico, la transparencia de texturas y el voltaje emocional que son el sello inconfundible de Gardiner.
El equilibrio perfecto del clasicismo
El programa es una delicia de sutiles contrastes que transita entre la luz del sur de Europa y la tormenta centroeuropea. En un bellísimo gesto hacia el patrimonio musical español, el concierto se abrirá con la obra cumbre del bilbaíno Juan Crisóstomo de Arriaga, el genial “Mozart español” cuya temprana muerte a los 19 años truncó una de las carreras más prometedoras de nuestra historia. Compuesta en París hacia 1824, esta sinfonía demuestra que Arriaga miraba ya de tú a tú a los primeros románticos europeos. Su arranque es enérgico y sombrío, lleno de una madurez compositiva sobrecogedora.
El Concierto para clarinete en La mayor, K. 622 de Wolfgang Amadeus Mozart, escrito en 1791, semanas antes de morir, es la cumbre de la melancolía mozartiana. No hay espacio para el virtuosismo vacío, sino para un diálogo íntimo y otoñal. Su Adagio central es una de las melodías más puras jamás escritas. En Madrid, la especialista Nicola Boud lo abordará con un clarinete de basset —el instrumento original para el que fue concebido—, garantizando un registro más grave, aterciopelado y de un valor histórico incalculable.
En la segunda parte se aborda la sensacional Sinfonía núm. 49 en Fa menor, “La Passione” de Franz Joseph Haydn. La velada concluirá con la tensión emocional del movimiento Sturm und Drang (Tormenta e ímpetu). Es una obra inusual por su tono severo; de hecho, es la única sinfonía de Haydn en la que todos sus movimientos están en la dramática tonalidad de Fa menor. Su título evoca las meditaciones de Semana Santa: arranca con un Adagio fúnebre para luego estallar en movimientos rápidos llenos de síncopas y urgencia rítmica. El terreno ideal para que la nueva orquesta de Gardiner demuestre su vibrante articulación.
Si Fischer es calidez y plasticidad, Gardiner es electricidad, rigor rítmico y drama. A sus más de 80 años, ha resurgido con una energía desbordante fundando Springhead Constellation. Ha demostrado una resiliencia artística brutal, reinventándose desde su propia granja en Dorset. Sus lecturas de Haydn y Mozart son famosas por su pulso vibrante, la ausencia de vibrato romántico innecesario y una articulación que muerde las notas. Escuchar a Gardiner es quitarle el barniz de los siglos a las partituras para que suenen tan modernas, urgentes y peligrosas como el día en que se estrenaron.
Y como propina veraniega… El huracán Gustavo Dudamel
Por si este doblete de mayo fuera poco, la temporada de Ibermúsica se guarda un as bajo la manga para demostrar que la música no descansa en Madrid. Cuando la primavera ya haya dado paso al pleno verano, el Auditorio Nacional vivirá una auténtica noche de gala el próximo 8 de julio. Será entonces cuando aterrice en la capital la Sinfónica Nacional Juvenil de Venezuela, una formación que desborda energía, pasión y virtuosismo a partes iguales. A su frente estará nada menos que el carismático y universal Gustavo Dudamel, en lo que promete ser un reencuentro electrizante con el público madrileño. Una propina estival de auténtico lujo para clausurar, ahora sí por todo lo alto, un ciclo musical imbatible.





