Es el peor momento sin duda para batallas internas en el PSOE (Partido Socialista Obrero Español). Alfredo Pérez Rubalcaba, así como quienes le apoyan o le zarandean con aspereza en el partido, deberían saber que un congreso extraordinario y unas primarias serán estériles si no dan respuestas a la falta de credibilidad tras los comicios del 25 mayo -la frontera del 25M que ha sido un mazazo para el bipartidismo-.
Carme Chacón (cuestión que recogió Hechos de Hoy) no acertó en su dura crítica a Rubalcaba. Difícilmente quien desempeñó dos carteras en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero puede encarnar un proceso de renovación en el PSOE. El último varapalo recibido mostró que quedaron en entredicho todo una generación de líderes socialistas a los que se ha responsabilizado de llevar a la sociedad a una situación límite.
Sin duda Rubalcaba quedó sin legitimidad para seguir liderando el PSOE. La primera decisión de un congreso para su sucesión ha sido coherente. Pero a la vez no debe sustituir a un proceso de primarias. Hacer compatibles los dos procesos es lo más prudente y también necesario.
En estos momentos la sociedad no puede ver sólo una pelea de egos. Lo que es el Partido Popular y sus propuestas se conoce en sus años de gestión con Mariano Rajoy en La Moncloa. Qué es la socialdemocracia y a quién representa es la cuestión de fondo a la que urge dar respuestas. No son los liderazgos la urgencia y el reto. Un debate de respuestas y de ideas es lo que se demanda.
Quienes pretendan suceder a Rubalcaba en el PSOE deben tenerlo presente. Solo así les reconocerá el electorado que les ha abandonado. Será entonces cuando el PSOE podrá volver a reconstruir un partido central de la política española desde el restablecimiento de la democracia.




