El columnista de medios del diario The New York Times (NYT), David Carr, murió el jueves a los 58 años. Falleció en la redacción del periódico en Nueva York. Era famoso por su columna Media Equiation en la que escribía sobre los medios de comunicación.
Formaba parte del diario desde 2002, cuando comenzó como periodista de negocios del área de publicación de revistas. Antes había trabajado para las revistas The Atlantic Monthly y New York. En 2008 publicó sus memorias The Night of the Gun (La noche de la pistola) en la que habló de su adicción a las drogas y su rehabilitación.
En un comunicado, Arthur Ochs Sulzberger Jr., editor y presidente del diario, dijo que "David Carr fue uno de los periodistas con más talento que han trabajado en The New York Times".
"Combinó un talento formidable como reportero con el juicio agudo para convertirse en una guía indispensable para los medios modernos. Pero sus amigos en The Times y más allá lo recordarán como un ser humano único: lleno de vida y energía, divertido, leal y adorable. Un talento irremplazable, que será extrañado por todos los que trabajan para The Times y todo el que lo lea". Fue el sentido homenaje del presidente y editor del NYT.
Su muerte fue heroica, en el escenario que amaba con pasión, el de los medios. "Se desplomó en la oficina y murió en el Hospital St. Luke´s-Roosevelt", informó NYT. Lo describió como "un escéptico astuto y bien informado que se escabulló del demonio de la adicción a las drogas para transformarse en un improbable columnista de medios en The New York Times cuyo nombre era una marca" .
Se refiere a su columna Media Equation, en la que escribía sobre los medios de comunicación y su intersección con los negocios, la cultura y el gobierno, y a la lucha que atravesó contra su adicción a la cocaína, una experiencia que relató. Se incorporó en el 2002 a The New York Times, trabajando en la sección de economía.
Antes de mudarse a Nueva York, fue editor durante cinco años en el Washington City Paper, un reconocido diario cultural de la capital . Sus inicios como periodista fueron en su estado natal, Minessota, donde ya escribía una columna sobre medios de comunicación, una pasión que le llevó también a ser un reconocido comentarista en los principales programas estadounidenses. Para compañeros, críticos y admiradores, reconocimiento en el adiós.
Desapareció, como recogió Hechos de Hoy, la visión más lúcida de las tripas de los medios, del alambre en que hoy viven, y de los retos de vértigo que acechan al doblar la próxima esquina. Brilló siempre como periodista, el mejor epitafio.




