En el análisis deportivo, el Atlético de Madrid levantado por Diego Pablo Simeone fue un titán. Cuando acariciaba el título y la gloria, un cabezazo de Sergio Ramos logró el gol del empate, en el tiempo de descuento.
El Real Madrid hizo una mala primera parte y segunda también. Sólo la rectificación de Carlo Ancelotti, con sus cambios, devolvió al equipo su talento y su energía. El Atlético de Madrid, sin Diego Costa -el milagro de la placenta de yegua fue un espejismo- y Arda Turan, se fue desgastando. Fue una hazaña de Simeone de remar hasta el final con el gol de Godín, en error de Iker Casillas. A punto estuvo de conseguirlo pero el gol de Sergio Ramos fue un mazazo.
En la prórroga, el Real Madrid arrolló al Atlético de Madrid con la gran jugada de Di María que coronó Bale, la llegada arrolladora de Marcelo y el penalti que transformó Cristiano Ronaldo. El remate del partido se convirtió en prórroga inolvidable para el Real Madrid con Florentino Pérez desatado, levantándose como un resorte para chocar la mano con el expresidente José María Aznar ante el gol de Bale. Antes, en el intermedio del partido, el Rey se levantó para saludar al presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, y felicitarle por una campaña excepcional y el gran comportamiento de la afición.
En los momentos emotivos tras el partido, la conferencia de prensa de Diego Pablo Simeone recibiendo una larga ovación. El Cholo retrató el momento: "Este partido no merece una lágrima porque lo han dado todo", dijo poniendo al Atlético de Madrid un 9,5 de nota en el curso, porque faltó "un medio". En la comparecencia de Carlo Ancelotti, a modo de escrache, irrumpieron Marcelo, Ramos, Modric, Isco, Pepe, Khedira y Morata demostrando que es un entrenador querido y respetado tras las turbulencias que dejó Jose Mourinho.
En el análisis de gran evento merece subrayarse el comportamiento ejemplar de las dos aficiones en una espectular expedición de automóviles, trenes y aviones sobre Lisboa como nunca se había conocido. Lo que en Madrid ha sido una aniugua rivalidad de barrios se vivió dentro y fuera del estadio con profundo juego limpio y sentido de convivencia y competitividad, amando el deporte y sus valores. El mismo sentimiento se extendió desde el estadio de la Luz al Vicente Calderón y el Santiago Bernabéu en una larguísima velada de pasión sin límites por el fútbol.
Fue -como contó Hechos de Hoy– una fiesta y un ejemplo de Madrid como ciudad y España como país. Tras el abatimiento que supuso el jarro de agua bien fría recibido en Buenos Aires al fracasar la candidatura olímpica, la ciudad de Madrid recuperó su autoestima y dio una lección. Se convirtió en el ganador de fondo de una madrugada interminable de lágrimas y emoción.




