Luz verde en Brasil para el comienzo, el viernes 26 de agosto, en el Senado, del juicio político a Dilma Rousseff. El viernes 2 de septiembre puede llegar la sentencia política para la líder del Partido de los Trabajadores (PT) (ver en Hechos de Hoy, Mauricio Macri y John Kerry, de Buenos Aires a Río de Janeiro).
El proceso que dirige Renan Calheiros, el líder del Senado, del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) – al que pertenece Michel Temer– se aceleró. Paralelamente a los Juegos Olímpicos -que debían haber sido el momento de triunfo político de Dilma Rousseff y de Luiz Inácio Lula da Silva– el proceso de impeachment avanza hacia su desenlace.
Dilma Rousseff puede ganer o perder en la sentencia final a la acusación de haber ampliado el presupuesto público sin la aprobación del Congreso. Si es condenada, vivirá la misma suerte que Fernando Collor de Mello. Las apuestas políticas apuntan a su destitución.
En todo caso el daño está hecho. Los Juegos se viven con convulsión y polémica. Las cosas se pudieron hacer mejor y con unidad política para la reputación de Brasil. Si Dilma Rousseff es definitivamente destituída, Michel Temer dejará de ser un líder interino. Estará presente como presidente de Brasil en la cumbre del Grupo de los 20 de Hangzhou, en República Popular de China. Puede ser el verdadero motivo de las prisas en el Senado.
Por lo pronto la comisión votó a favor del juicio a 24 horas de la histórica apertura de #RIO2016. El resultado fue 14 a 5 desveló el senador Raimundo Lira. El pleno de 81 senadores se debe pronunciar el martes 9.
Si hay una mayoría simple para mantener la acusación, Dilma Rousseff quedará a una sola votación de lo que puede ser un agosto maldito. Brasil está pendiente de este capítulo final y de una sentencia abierta al fin de su presidencia y a quedar inhabilitarla para cargos públicos durante ocho años. El apoyo de dos tercios del Senado, 54, es el listón definitivo.




