En las elecciones legislativas de 2011 venció el PSD con el 38,66 % de los votos (108 diputados), seguido del PS (28,05 %, 74 diputados), el CDS-PP (11,71 %, 24 diputados), la coalición de comunistas y ecologistas (7,90 %, 16 diputados) y el BE (5,17 %, 8 diputados) (ver en Hechos de Hoy, Cavaco Silva llamó a la responsabilidad en día crucial de Portugal).
Portugal à Frente (PaF), la coalición de centroderecha formada por el PSD, Partido Social Demócrata, y el CDS democristiano, y bajo el liderazgo de Pedro Passos Coelho, no logró en estos comicios revalidar su mayoría absoluta.
Con el 95,7% del voto escrutado, los conservadores, el centroderecha del PSD-CDS, obtuvo el 37,4%% frente al 32,2% del Partido Socialista de António Costa. Pedro Passos Coelho renovó así su mandato pero sin mayoría absoluta lo que abre un escenario sutil y complejo que se observa con gran atención desde Madrid.
En los resultados, a destacar el Bloco de Esquerda, un 9,9%, y Partido Comunista de Portugal, 7,9%. Por primera vez, el Partido Comunista ha sido sobrepasado por el Bloco de Esquerda con el liderazgo de Caterina Martins y Mariana Mortágua.
Un hipotética alianza de Partido Socialista, Bloco de Esquerda y Partido Comunista podría ser una alternativa. Sin embargo hay diferencias muy sensibles en sus programas. El Partido Comunista quiere la salida del euro de Portugal y el Bloco de Esquerda pretende la condonación de deuda. El Partido Socialista por su parte defiende cumplir de forma escrupulosa las pautas de la Comisión Europea.
En cierta forma, para analistas, será interesante ver este lunes la evolución de los mercados, Portugal puede ser un espejo político para España ante los comicios del 20 de diciembre (las incognitas entre PP, PSOE, Ciudadanos y Podemos).
Pedro Passos Coelho -estrecho aliado de Mariano Rajoy– ha rebajado el paro del 17,5% al 12,4% y el déficit del 7,5% al 3%. Pero no ha logrado, en el momento decisivo, pescar votos en los caladeros de la abstención y los escèpticos.
Se abre un escenario sutil y complejo en el que el Partido Socialista debe meditar sus estrategias políticas si no quiere empantanar a Portugal. Nuevas elecciones a mediados de 2016 no sería la mejor solución. La abstención fue la más alta de la historia, un 45,6%, cuatro puntos más que en 2011. Lo peor de estos comicios.




