Los fuertes temblores de tierra no dan ni un respiro a los ecuatorianos. Entre réplica y réplica "suave" – se calcula que se han producido más de 300-, un nuevo terremoto de 6,3 grados en la escala de Richter sacudió este miércoles la costa norte de Ecuador. Se trata de la misma franja de costa afectada por el fuerte seísmo del sábado pasado, que se ha cobrado ya la vida de cerca de 500 personas, ha dejado heridas a más de 4.000 y ha causado daños graves en edificios y carreteras.
Más de 230 personas permanecen desaparecidas. Los equipos de salvamento luchan a contrarreloj por intentar salvar todavía a personas con vida localizadas debajo de los escombros.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el nuevo terremoto se localizó a unos cien kilómetros de Pedernales, considerada la zona cero del sismo de 7,8 grados registrado el sábado. El temblor, que se produjo a las 03.33 hora local (08.33 hora GMT), tuvo su epicentro a unos 214 km al noroeste de Quito.
La falta de luz, de comunicaciones, de agua potable y de alimentos, de un lugar seguro para dormir, de herramientas y maquinaria para las tareas de rescate y de desescombro, la falta de médicos y de medicinas convierten la vida en una pesadilla. A ello hay que añadir que en la zona pocas personas no están de duelo por un familiar o una persona muy cercana que ha muerto o se encuentra herida. Los cementerios, sobre todo el de Pedernales, están saturados. Casi un tercio de los fallecidos eran habitantes de esta localidad.
Los equipos de rescate ecuatorianos, y los llegados de otros países, como los bomberos de España, tienen problemas para trasladarse de un lugar a otro en su afán de seguir salvando vidas.
Hay 1.116 edificios destruidos y 608 dañados, según las primeras valoraciones. Alrededor de 150.000 niños se encuentran afectados por el sismo, según Unicef, como recogió Hechos de Hoy; 146 escuelas están dañadas o destruidas.




