Altruista extremo y viajero apasionado, José Antonio Ruiz Díez se unió en 2015 a la Comunidad de blogueros de Hechos de Hoy. Narra en su blog de viajes TravelZungu, de forma muy personal y desenfadada, sus vivencias, experiencias y aventuras en los países más diversos de los cinco continentes.
De su impulso irrefrenable de hacer proyectos que ayudaran a las personas más desfavorecidas surgió Mzungu-Operación Congo, el programa que emite Cuatro los miércoles a las 22:45. José Antonio se juega literalmente el pellejo para ayudar a los más desfavorecidos. Este programa está teniendo una gran acogida entre la audiencia.

José Antonio Ruíz Díez en un viaje por África.
– ¿Dónde nace tu pasión por viajar?
– Nace probablemente de varios factores como querer aprender de todo o de pasar mucho tiempo en los aeropuertos cuando era pequeño -mi madre era azafata de vuelo-, pero siempre he sentido una gran curiosidad por lo desconocido. Ya desde la infancia me hacía muchas preguntas sobre cómo serían las cosas en otros lugares, qué luz tendrían sus amaneceres, qué contrastes sus atardeceres, qué contenido sus conversaciones o qué sueños sus gentes…
La única manera de dar respuesta a mis preguntas era salir y descubrirlo yo mismo. Me embriagaba la sensación de estar en un entorno ajeno y, al final, la pasión por viajar se convirtió en un impulso muy poderoso así que, cuando puedo, hago lo posible por viajar.
– ¿Qué te hace quedarte con África?
– Cuando decidí darle un cambio radical a mi vida y devolverle a la misma lo que me había dado a mí, como es la oportunidad de estudiar, me sentí instintivamente inclinado hacia África y, por diversos motivos, el este de la República Democrática del Congo.
Soy de esas personas que no pueden dormir sabiendo que alguien sufre. Y antes de que me llegaran las ojeras al ombligo, decidí ir allí y ayudar a los más necesitados construyendo escuelas en zonas remotas y peligrosas. A estos lugares llega muy poca o ninguna ayuda y no me parece justo.
Creo firmemente que la educación es lo primero. Para mí, la educación garantiza los cimientos del desarrollo y, en definitiva, la mejora de las condiciones de cualquier comunidad a corto, medio y largo plazo.

¿Quién puede resistirse a estas sonrisas?
– ¿Cómo fue tu experiencia en un país tan complejo como la República Democrática del Congo?
– Intentar llevar a cabo un proyecto solidario en un lugar así supone en esfuerzo enorme y un ejercicio de determinación que pone al límite a cualquiera.
Los problemas y los obstáculos fueron tantos y algunos tan dramáticos que a veces sería mejor no recordarlos, pero es un hecho que me motivan a seguir. Eso sí, siempre llevo conmigo todas las sonrisas que me brindaron y la certeza de que, aunque es poco todo lo que se pueda hacer, todo suma y por algún sitio hay que empezar.
-¿Cómo se vive allí?
– Las condiciones son precarias. No hay luz ni agua corriente. Nada. La comida es muy básica, los desplazamientos muy complejos, las lluvias intensas, las dificultades mayúsculas, en fin… No obstante, a mí eso me da bastante igual. Cuando la motivación es grande, esos factores no son importantes.
El Congo (y África en general) tiene algo especial. Quizá sean su luz y sus colores, quizá sus habitantes, quizá el alma del continente. De alguna forma, y en muchos aspectos, es como poder vivir lo que en el mundo desarrollado en ocasiones estamos perdiendo. La unidad, ciertos valores, el pragmatismo al abordar cualquier asunto, la simplicidad de las cosas.
– ¿Qué repercusión tiene el proyecto?
– He recibido una gran cantidad de mensajes de apoyo y se lo agradezco mucho a todos de corazón. Ahora, con el programa, un gran número de personas no solo lo están conociendo sino que también están desconectando y pasando una noche diferente en medio de toda esta triste situación que estamos sufriendo, otras quieren ayudar de una u otra forma y otras están ya planificando sus propias acciones solidarias. Es genial porque el mensaje de que todos podemos ayudar si nos lo proponemos, está traspasando la pantalla.
El programa, como altavoz, solo nos pide que nos sentemos a verlo, a evadirnos y pasar un buen rato que creo que buena falta hace en estos días. Y solo con ese gesto, si lo ve la suficiente gente, podremos seguir haciéndolo y ayudando a más personas. ¡Ayudadme a difundirlo, porfa!
Por cierto, podéis seguir las novedades en mi cuenta de Instagram: @jaruizdiez
¿Quién dijo que esto sería fácil?
– ¿Qué te aporta a ti todo este proyecto?
– Desde hace tiempo se ha convertido en mi vida. Saber que niños desfavorecidos de zonas remotas van a tener la oportunidad de disfrutar de un futuro mejor me alegra, sobre todo por ellos, pero no se me hincha en absoluto el pecho. Siempre se puede hacer más. Ni me creo un héroe ni siento orgullo ni pienso que haya hecho lo suficiente todavía (ni de lejos).
También me da alegría ser testigo de cómo a mucha gente, el mero hecho de subirse a este tren y ser partícipe, le ha aportado mucha felicidad. Sentirse parte de un proyecto relevante que puedes ver, seguir y compartir trae, cuanto menos, sensaciones positivas para todos.

El proyecto se ha convertido en la vida de José Antonio.
– ¿Cuál es el siguiente paso y hasta dónde quieres llegar?
Aparte de ayudar a los más desfavorecidos e inspirar a otras personas a que emprendan acciones solidarias, grandes o pequeñas, lejos o cerca, el proyecto busca hacerse autosostenible para poder seguir llevando a cabo acciones de ayuda.
Mientras cuente con el apoyo de la gente, seguiré hasta que mi cuerpo aguante. Entre muchos podemos hacer mucho y estoy dispuesto a dar lo mejor de mí de nuevo para que las cosas se hagan.
¡Gracias por la entrevista! Os invito a todos a ser parte de la familia viendo Mzungu-Operación Congo los miércoles a las 22:45 en Cuatro.
Y mucho ánimo con el confinamiento. Entre otras muchas cosas, algo que me ha enseñado África con creces es que, cuando nos unimos todos, aunque los recursos sean pocos, podemos salir de todo. ¡Fuerza y ánimo!





