Barack Obama no quiere convertir el asedio a Kobane en el test que mida la eficacia de los ataques de la coalición contra la guerrilla suní radical (Estado Islámico o ISIS por sus siglas en inglés). Un comunicado del Centcom -el comando central de EE. UU.- precisó que las intervenciones áreas siguen, fijando objetivos en las posiciones de ISIS dentro de la ciudad en la que se vive una feroz batalla.
John Kerry insistió en que, pese a que el asedio a Kobane haya pasado al primer plano, el objetivo de la coalición se centra en atacar el comando de ISIS (el corazón político y estratégico), sus centros de control y las infraestructuras de la milicia yihadista. El secretario de Estado destacó que se busca frenar la expansión de ISIS no sólo en Kobane sino en Siria e Irak.
En este marco se produjo la visita de Barack Obama al Pentágono donde se reunió con mandos militares y asesores de seguridad nacional. El presidente insiste en su estrategia de ataques aéreos rechazando el despligue de unidades para combatir directamente a las milicias de ISIS. En este escenario destacado por el presidente, el papel de Turquía tiene enorme importancia. Barack Obama encargó al general John Allen, especialista de primera línea en Oriente Medio, y conocedor a fondo de las sutilezas de tribus suníes en Irak, explorar con Turquía una relación más estrecha con la coalición.
Si Estados Unidos quiere implicar de forma definitiva a Recep Tayyip Erdogan y Turquía -apuntaron analistas a Hechos de Hoy– tendrá que definir su estrategia contra Bachar el Asad. En Ankara, y con buena parte de razón, se insiste en que los bombardeos contra ISIS sólo están reforzando a Asad. Para Turquía cualquier solución frente al terrorismo y la barbarie desatada por ISIS tiene que suponer el fin del infierno sirio, su guerra civil y la caída de Asad. John Allen asume de nuevo, con el apoyo directo del presidente, un reto de primera magnitud.




