Intensidad, obsesión y agudeza son las tres palabras que definirían el notable debut cinematográfico de Sergi Pérez. El planteamiento escénico que desarrolla es una ópera prima de esas que llegan a atisbar la irrupción de un creador audiovisual de fuste. A lo largo de su carrera realizó videoclips, spots publicitarios e incluso estimulantes cortometrajes.
En los #estrenosdecine, El camino más largo para volver a casa presenta en su primer plano, a un joven acostado en la cama. La apariencia denota que la noche previa ha distado mucho de ser pacífica. El polvo acumulado en la habitación hace pensar que el cuidado último de las obligaciones caseras no ha sido cumplido. De pronto, el joven comienza a pronunciar un nombre propio. Al no recibir respuesta se levanta, va hacia el baño y allí se produce un descubrimiento, en principio, bastante sorpresivo para el espectador: el protagonista halla a un perro desmayado, exhausto, sin fuerzas.
Rápidamente llama por teléfono a un veterinario. Al serle comunicado que debe ser él quien lleve hasta el centro al animal, aquel sale con apremiante celeridad del hogar con el (voluminoso, pesado) animal entre sus brazos. Al cerrar la puerta, vemos cómo las llaves caen de la cerradura dentro de casa.
Éste será el primero de los súbitos incidentes que deberá solventar este hombre con perro abatido entre las manos, al que volver a casa se le va a convertir en un esforzado, continuamente irresoluble calvario, que, poco a poco, dramáticamente, irá desvelando otro de orden muy superior.
El film hizo su puesta de largo en el Festival de Cine Europeo de Sevilla, como lo hiciera el año pasado la estupenda 10.000 noches en ninguna parte. Aunque son muy distintas, las dos propuestas tienen en común no solo aspectos de producción sino una sana alteración a explicar los traumas de sus personajes y una apuesta por el valor simbólico de la imagen.
Durante las largas pausas de su viaje de negociaciones a Madrid, Robert Walton (Ben Temple), auditor de una multinacional, sentado delante de su portátil en su hotel de cinco estrellas, busca distracción en chats eróticos donde topa con Sexy Sara, una tórrida peruana, interpretada por la despampanante Esther Méndez.
Robert encuentra con los servicios online de la prostituta un momento de felicidad, que le sirven para no pensar en sus problemas familiares: desde que su mujer se murió en un accidente, Robert, que está casi siempre de viaje, no sabe como cuidar a su hija adolescente ni a su madre enferma por lo que intenta compensar su ausencia contratando a personas que cuiden de ellas y hablando con sus seres queridos virtualmente a través de skype.
Y será esta misma forma de comunicarse la que le va a involucrar en los peligros que corre la enigmática belleza de Sexy Sara: con la webcam encendida, Robert es testigo de cómo Sara es maltratada por unos criminales, que se dedican al tráfico de órganos, los cuales quieren quitarle a su bebé. ¿Qué hacer?, ¿Apagar el portátil o ayudar a una desconocida? Robert duda un momento pero luego, irracionalmente, se meterá en la boca del lobo adentrándose en un camino que le puede costar la vida.
– Ver en Hechos de Hoy: "La liga de los hombres extraordinarios", la decepcionante versión de FOX







