Multitud sin precedentes en Roma en el Vía Crucis en el Coliseo con serenidad y trascendencia de Francisco, respetando los silencios del Viernes Santo en noche excelente aunque fresca.
Previamente, en la basílica de San Pedro, la humildad de Francisco, postrado totalmente en el suelo, escuchando después al predicador Raniero Cantalamessa. La imagen del Papa, de nuevo impresionó. Para Francisco, la Semana Santa es sobre todo tiempo de silencios y de intensidad, la cualidad que siempre le impacto de Juan Pablo II en sus momentos de oración.
Su homilía del Jueves Santo fue bien breve porque consideró mucho más importante -asunto que destacó Hechos de Hoy– lavar y besar los pies a doce personas gravemente discapacitadas -de 16 a 86 años, chicos y chicas, ancianos y ancianas, católicos y musulmanes-.
En la noche romana, escuchó a la actriz Virna Lisi introducir cada estación. La cruz fue llevada, de forma sucesiva, por un empresario y un obrero, extranjeros, vagabundos, reclusos, enfermos, ancianos y niños. En las oraciones, las reflexiones sobre "llorar por los hombres que descargan sobre las mujeres la violencia que llevan dentro", y el énfasis de "en el Jesús inocente, desnudo y torturado, reconocemos la dignidad violada de todos los inocentes, especialmente los más pequeños".
Y también, las oraciones, al recordar el sufrimiento de María, por las "madres que velan en la noche, con las luces encendidas, temblando por los jóvenes abrumados por la inseguridad o en las garras de la droga y el alcohol, especialmente las noches del sábado".
Francisco, en sus palabras finales, con sobriedad y contención, en su italiano que pronuncia de forma suave y clara, llamó a la reflexión sobre los enfermos y todas las personas abandonadas". "Todas las injusticias que llevó Caín contra su hermano, toda la vanidad de los prepotentes y toda la arrogancia de los falsos amigos era una cruz pesada", dijo el Papa. "En la cruz vemos la monstruosidad del hombre cuando se deja guiar por el mal pero también vemos la inmensa misericordia de Dios", destacó Francisco.
El Papa sigue en esta Semana Santa la guerra en la sombra de Siria, el grave conflicto geopolítico de Ucrania y el sufrimiento en Venezuela, así como la preocupación en su propio país, Argentina, por los linchamientos y la inseguridad. Su mirada sobre todos estos conflictos, y muy especialmente el de Oriente Medio, a donde viajará tras el gran evento de los cuatro Papas, será profunda en su mensaje pascual y la bendición Urbi et Orbi, este Domingo de Resurrección.




