La personalidad de Mario Draghi en su gestión al frente del Banco Central Europeo es la de la prudencia y la de la eficacia. Mostró que tiene coraje cuando llegó la galerna. Pero también demasiada sangre fría, que a veces no siempre es radicalmente buena. Su tesis hoy es la de que no hay deflación y de que en política monetaria, en la zona de la moneda única en la Unión Europea, no se puede actuar con precipitación.
Esta actitud tiene análisis diferentes pero constata la realidad de que existen dos almas en Europa: el Norte, que pesa mucho, y el Sur, muy castigado por el paro y con ausencia de una llave maestra para abrir las puertas que están cerradas (y se encuentran en Berlín). En jueves muy esperado por las decisiones y los análisis de Mario Draghi, quien mantuvo los tipos en el 0,25%, la prima de riesgo se situó en 196; el bono a diez años en 3,65%; y el IBEX 35 cerró en verde con +1,94%, en las puertas de los 10.000 puntos.
Para los analistas se produjo una cierta decepción como se señaló a Hechos de Hoy en el día en que el Tesoro colocó 5.590 millones en bonos a tres y cinco años al menor coste de la historia. Mario Draghi insiste en que no ve deflación, sino un "ajuste de precios relativo" justificando su inmovilismo al señalar que necesita más información para actuar. Todo es complejo en la Eurozona pero más aún con un gobierno de equilibrios en Berlín (de derecha e izquierda). Mario Draghi, Supermario, que es un tipo listo, lo sabe y lo aplica.




