¿Puede influir este cambio de escenario en las consultas del Rey Felipe VI?
¿ Que consecuencias tendrá la última bofetada de Pablo Iglesias Turrión a Pedro Sánchez de firmar una alianza entre Podemos y la Izquierda Unida de Alberto Garzón si hay nuevas elecciones?
Miércoles 20 de prudencia pero de muy alta expectación por la forma en que se desarrolló la reunión en La Moncloa entre Mariano Rajoy y Carles Puigdemont (ver en Hechos de Hoy, Rajoy recibió sin vetos a Puigdemont y con El Quijote en la mano).
Fue el presidente de la Generalitat quien solicitó la reunión al presidente del Gobierno en funciones. Lo hizo en un miércoles por la tarde de aguacero en Madrid pero que luego acabó en final despejado y de luz.
Fue el clima que se respiró en La Moncloa muy lejos de la tensión que se respiró la última vez que estuvo Artur Mas. Independientemente del desenlace político en Madrid -una solución a la catalana, de última hora, o nuevas elecciones generales-, Mariano Rajoy y Carles Puigdemont abrieron una línea de diálogo directo. Dejaron además en manos de sus vicepresidentes trabajar en temas concretos.
Sigue la diferencia de fondo sobre la cuestión principal. Carles Puigdemont plantea un referéndum en Cataluña sobre la independencia. Mariano Rajoy lo rechaza por ser asunto que compete a todos los españoles. Es decir, por tratarse de una cuestiónmque tendría que estar enmarcada en cambios de la Constitución y ser sometida por tanto en referéndum a todos los españoles.
La gran novedad es que ambos no convirtieron este desencuentro en asunto crucial y definitivo. Fijaron sus posiciones pero abrieron un amplio espacio de diálogo. Y, sobre todo, mostraron por ambas partes un nuevo talante, una química de diálogo.
Mariano Rajoy habló a fondo del encuentro en una conferencia de prensa en La Moncloa. Carles Puigdemont lo hizo en la delegación de la Generalitat en Madrid.
En ambas conferencias se confirmó, aunque con prudencia y sin optimismos, que se ha abierto un nuevo escenario. Se puede hablar por tanto de fin de la crisis institucional. Mariano Rajoy fue muy correcto y no quiso valorar cuestiones personales sobre las formas de Artur Mas. Pero fue evidente que la corrección por ambas partes, y la distensión, han supuesto un cambio en profundidad en un escenario -la relación entre la Generalitat y el Gobierno- que antes estaba encrespado.





