En el proyecto inicial, Mariano Rajoy pensaba en Jorge Fernández Díaz como sucsor de Jesús Posadas y Patxi López. En el tórrido julio de Madrid era evidente el desapego del presidente en funciones con su ministro de Exteriores (José Manuel García-Margallo, verso suelto con ambiciones), y la protección para quien está al frente de la cartera de Interior pese a tropezones que no han cesado.
Al final, en el ambiente de fuertes incertidumbres, despedida con polémica del ministro.
La directora general de Tráfico, María Seguí, fue cesada. Lo cubrió pudorosamente presentando su renuncia al ministro del Interior. Su marido se ha visto salpicado en supuestas irregularidades en la subvención de proyectos de investigación. La bronca y lío en el Ministerio de Interior ha sido sonada.
Maria Seguí ha dimitido después de cuatro años y medio al frente de la Dirección General de Tráfico (DGT) y días después de que el Ministerio del Interior abriera un proceso para esclarecer si se habían financiado proyectos de investigación realizados presuntamente por Francisco López Valdés.
Lo importante de esta crisis a segundo escalafón del Gobierno en funciones es el momento psicológico en que se produce. Albert Rivera insiste en la regeneración de la vida pública. Este caso alimenta el debate. Antes de las consultas del Rey la escena política es quebradiza a incierta. El Gobierno en funciones se agota y finaliza. Nada indica que encuentre sucesor.
– Ver en Hechos de Hoy, Convencer a Sánchez, la interesante petición de Rivera a Felipe VI.




