El discurso de Yo asumo quedó marcado en Francia como el momento en que emergió un líder, Manuel Valls, en el debate de la austeridad económica. Indudablemente François Hollande escogió los peores tiempos políticos -en el marco muy próximo de las elecciones al Parlamento Europeo- para esta rectificación de fondo.
La cuestión principal, que es una reflexión para los partidos socialistas europeos -y tiene lecturas para la derecha en España- se centra en que no se puede afrontar la reducción del déficit fiscal con el aumento de impuestos. Llegó el momento por tanto para Francia de sanear sus finanzas públicas. Y de tener credibilidad (asunto que ha tratado Hechos de Hoy) a la hora de reclamar que la Unión Europea sume a la austeridad los estímulos al crecimiento y el empleo.
La rectificación de Manuel Valls -el discurso de Yo asumo– es profunda en compromiso político y personal con un plan de recortes de 50.000 millones de euros para cumplir con los compromisos en materia de reducción del déficit público adquiridos con la Unión Europea. El primer ministro, bajo el fuego del ala izquierda del Partido Socialista (PS), se jugó la estabilidad de su Gobierno. Se impuso por 265 votos contra 232, en victoria que no supuso un triunfo rotundo. Entre las 67 abstenciones, las de 41 socialistas disidentes. Si hubieran votado junto a ecologistas y comunistas, el caos para Manuel Valls y François Hollande. Pero el Partido Socialista, consciente de estar al filo del precipicio, evitó suicidarse.
De las lecciones de este debate y votación, crucial en la escena francesa, queda la reflexión, que es general, de la necesidad de rectificar los excesos. “No podemos seguir viviendo por encima de nuestra posibilidades”, sentenció Manuel Valls en mensaje que deberían tener muy presente en España, junto a la Administración central, los líderes políticos de las comunidades autónomas.




