Muy mala cara es lo que probablemente está teniendo Johnny Depp. Su mujer, Amber Heard, terminó siendo imputada por tráfico ilegal de animales y falsedad documental. Es decir, por introducir en el país a los perros del actor, Boo y Pistol, de forma ilegal en su jet privado. Una noticia que ya sorprendió en su día.
La justicia australiana ha decidido ir tras la joven actriz, a quien ha citado en los juzgados de Qeensland el próximo mes de septiembre para declarar ante el juez. Ante Heard se abren ahora dos caminos, o pagar una multa de 200.000 dólares o enfrentarse hasta a 10 años de prisión.
Pistol y Boo, los dos perros de la pareja de raza yorkie, fueron ingresados al estado de Queensland, en el noroeste de Australia, el pasado mes de abril supuestamente sin los documentos y procedimientos requeridos por ese país.
Las autoridades australianas se dieron cuenta de la presencia de Boo y Pistol en su territorio tras el empeño de Johnny Depp para que estuvieran presentables. El actor buscó cerca del set de rodaje una peluquería canina para llevar a sus mascotas, y las dueñas de la misma no pudieron evitar colgar en Facebook una fotografía con los animales.
Fue el ministro de Agricultura australiano, Barnaby Joyce, amenazó con sacrificar a los animales si no abandonaban en 48 horas el país, tras saltarse el aislamiento preventivo al que obligan las leyes del país para evitar infecciones. La propia Amber fue quien acompañó a los perros de vuelta a Estados Unidos, no sin antes declarar que ella y Depp “evitaremos volver a Australia”, así como acusar a Joyce de “buscar sus 15 minutos de fama”.
Estas palabras no fueron bien recibidas en Australia aunque la actriz no tuvo más problemas porque abandonó el país. Peor suerte tuvo Deep que se encuentra rodando la quinta entrega de la saga de Disney y a quien se le ha podido ver visitando un hospital infantil disfrazado de Jack Sparrow. Ahora, Amber está también obligada a viajar hasta Australia en unas semanas.
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