Han pasado años muy duros, de muerte, sufrimiento y catástrofe humanitaria, con nueve millones de desplazados. Nada es fácil por tanto en la conferencia de paz de Ginebra II, que comenzó el miércoles en la localidad suiza de Montreux.
Nadie se engaña sobre esta reunión de sordos y puertas cerradas. Pero a la vez, diplomáticos y analistas coinciden en que sólo puede haber fin para el drama de Siria a través del diálogo. Si al final esta larga conferencia se traduce en fiasco, el infierno de Siria será más terrible. El propio secretario general de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, insistió en ello. “No hay más alternativa que acabar con la violencia con una solución política", dijo con seriedad a todas las partes implicadas.
Las sesiones han sido duras. El ministro de Exteriores, Wallid al Muallem, acusó a los opositores de “traidores” y “agentes a sueldo del enemigo” y a países asistentes como Arabia Saudí y Turquía, de “promover el terrorismo”. La oposición está representada en esta conferencia por Ahmad Jarba, el líder de una Coalición Nacional Siria debilitada por abandonos de cansados y escépticos ante el baño de sangre y el auge de las milicias yihadistas que son peligrosas sectas de Al Qaeda. Ahmad Jarba rechaza frontalmente que Bachar el Asad tenga cualquier papel en la etapa de pacificación y reconstrucción del país.
En la cumbre organizada por Naciones Unidas y celebrada en junio de 2012, se decidió que la solución al conflicto sirio debía ser un periodo de transición política. Por el momento sigue el diálogo. Rusia hubiera querido la presencia de Irán en este foro. Ban Ki-Moon la invitó inicialmente pero luego rectificó. Irán no ha aceptado lo que se trató en el Conferencia Ginebra I y su posición, como informó Hechos de Hoy, sobre los grandes asuntos de Oriente Medio no está aún fijada.




