El asesinato de la presidenta de la Diputación de León, Isabel Carrasco, fue una historia de odio profundo. La asesinaron con dos tiros en la espalda, y otros dos en la nuca. Todos ellos a quemarropa. Estuvieron involucradas dos mujeres, María Montserrat González Fernández y su hija Montserrat Triana Martínez González.
De su estrecha colaboración política y personal en el Partido Popular se pasó a la enemistad y profundo odio como mostró la crueldad del asesinato, a quemarropa, y en plena calle. La investigación sigue su curso. Como contó Hechos de Hoy, se sumó una venganza laboral y un resentimiento personal, tanto de la madre como de la hija por diferentes motivos, hacia la presidenta de la Diputación de León.
El asesinato, que conmovió y desconcertó al Partido Popular por razones obvias, fue jaleado en las redes sociales, especialmente Twitter. No se trató de un episodio de frivolidad como cuando Twitter "mata" a famosos que gozan de excelente salud. En la gran herramienta de las redes sociales -que ha transformado el escenario de los medios de comunicación- se actuó con impunidad jaleando el crimen (y jalear es animar con palmadas, ademanes y voces: y también animar a los perros a voces para que sigan a la caza).
El ministro de Interior actuó correctamente al pedir a la Policía Nacional y la Guardia Civil investigar en las redes sociales los mensajes de incitación al odio y apología del terrorismo.
Dicho lo anterior, este asesinato se produjo en un marco de un creciente rechazo y animadversión a los líderes políticos (partidos y personas, lo que representa la clase política). Una parte de los ciudadanos les ha convertido en el origen de todos sus problemas. Hemos pasado del respeto y/o la indiferencia a la hostilidad (de los abucheos, a los insultos, los escraches e incluso la agresión).
Es la hora de la reflexión para todos. Los políticos porque su tarea es la de servir con diligencia, honestidad y coraje. Asumen el reto de ser constructores continuos de una sociedad democrática, de valores, dignidad y respeto. Los ciudadanos tienen en sus manos, y en breve pueden ejercerlo, el voto para revertir conductas indignas o errores. En sociedades maduras y democráticas -y España lo es- La política está para servir y no servirse. Por lo que la respuesta a los problemas nunca es el caos o la anarquía.
Un terrible, y dramátco asesinato en León, que exige a todos una profunda reflexión.




