La Cámara de Representantes de Estados Unidos, bajo la presidencia de Nancy Pelosi, una de las dos instituciones que junto al Senado dan forma al Congreso, aprobó, tras un largo e intenso debate, imputar al presidente Donald Trump por abuso de poder y obstrucción al Congreso. Los 431 congresistas debatieron sobre los dos cargos que pesan sobre el presidente a raíz del escándalo de Ucrania.
Trump es acusado de abuso de poder por haber presionado a Kiev con el fin de lograr investigaciones que le beneficiarían de cara a las elecciones de 2020. También se le acusa de haber utilizado ayudas militares y una invitación a la Casa Blanca como moneda de cambio.
El segundo cargo alude a la obstrucción al Congreso por haber tratado de entorpecer la investigación. Los resultados del primer artículo del impeachment contra Trump, sobre el abuso de poder, fue aprobado por 230 votos a favor y 197 en contra, por lo tanto los demócratas logran los votos necesarios para acusar al presidente.
El segundo fue aprobado por 229 votos a favor y 198 en contra, con lo que los demócratas logran los votos necesarios para acusar al presidente de obstrucción al Congreso.
De esta manera, Donald Trump se convierte en el tercer presidente en la historia de Estados Unidos que se someterá a un impeachment, tras Bill Clinton (1993-2001) y Andrew Johnson (1865-1869).
Ahora el impeachment pasará al Senado. Los republicanos, que controlan la Cámara Alta, han cerrado filas en torno al presidente por lo que es muy difícil que el impeachment prospere. Para esta votación en el Senado se necesitan dos tercios de los votos para aprobarlo, es decir 67 de los 100 senadores, donde solo 53 son republicanos.
Justo después de la votación en la Cámara Baja (hacia las tres de la madrugada en España) Donald Trump, en un mitin en Michigan tildó el impeachment como "cruzada partidista" y de "golpe de estado", asegurando que no evitará su permanencia en la Casa Blanca por las urnas. Trump afirmó que los cargos aprobados en su contra por la Cámara de Representantes para iniciar un juicio político suponen un "suicidio" político y una "eterna marca de vergüenza" para los demócratas.




