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LA LLAMADA AL CENTRO

Cuatro objetivos de Rajoy tras las alianzas de Sánchez con Iglesias y Podemos

Pablo Casado, 31 años, y Andrea Levy, 31, los protagonistas de la Conferencia Política del PP, con énfasis en el centro liberal reformista, el espacio de la victoria de 2011.

Hechosdehoy / Hechos de Hoy / L. Paredes
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Conferencia Política del Partido Popular que abrió la larga campaña para las que sin duda van a ser las elecciones generales más decisivas de la democracia (ver en Hechos de Hoy, Andrea Levy irrumpe con fuerza junto a Pablo Casado en el Partido Popular).

Mariano Rajoy llamó a convocar a quienes le votaron en 2011. El énfasis desde ahora lo situó de forma muy precisa. Sus objetivos son muy precisos en el Partido Popular:

– Rebajar el voto oculto.

– Reducir el número de sus votantes que se abstienen.

– Presentar batalla en el tramo de 18 a 29 años.

– Lograr superar a Ciudadanos y Podemos entre los votantes de 30 a 44 años.

El presidente del Gobienro y líder del Partido Popular se halla ante nudos gordianos. El reto personal de luchar por un nuevo mandato. Si no lo consigue, será el prmer presidente de la democracia que no lo logre. A la vez afronta modernizar el partido, abrirlo y rejuvenecerlo. Y crear una marca que pueda ser competitiva con Ciudadanos (centro) y Podemos (extrema izquierda).

No le será fácil porque si no logra convocar a sus electores, los que le auparon a La Moncloa en 2011, ya conoce que Pedro Sánchez girará a su izquierda para pactar con Podemos (extrema izquierda) de Pablo Iglesias como ha sucedido en Castilla-La Mancha y Extremadura, y en otros escenarios a nivel local y regional.

Todas estas cuestiones las abordó en un discurso de una hora en la Conferencia Política. Por su interés y relevancia lo recogemos de forma íntegra.

El discurso íntegro  de Mariano Rajoy

"Queridos amigos, permitidme que antes de hablar de las cosas que nos han ocupado en estos días, yo también me sume al homenaje que acabamos de rendir a Miguel Ángel Blanco. Hoy, tendría 47 años, probablemente habría formado una familia y seguro, estaría militando en el PP y hubiera estado aquí, con nosotros, debatiendo como hemos debatido estos días sobre lo que nos piden los españoles y lo que nosotros podemos ofrecerle.

Hay 18 años de vida, de proyectos, de felicidad que ETA le robó a él y a su familia.

Nunca podremos olvidar a Miguel Ángel, porque todavía nos duele la crueldad de quienes le asesinaron; porque hemos contraído con él y con todas las víctimas del terrorismo una deuda impagable. 

No pueden caer en el olvido porque son y serán siempre el referente de nuestra democracia. Ellos dan la medida –triste y dramática– de la grandeza de la libertad que hoy todos disfrutamos.

Quiero dar las gracias a la sociedad civil que hoy nos acompaña. Permítanme que no los cite a todos. Muchas gracias. Gracias a las asociaciones empresariales, a los representantes de la enseñanza, a las asociaciones sociales, representativas de las personas con discapacidad; gracias a quienes, desde el mundo rural, hoy también nos acompañan. Un país no lo hace ni un gobierno, ni muchos gobiernos, ni un partido ni muchos partidos porque capaces que sean o dejen de serlo. Un país es fundamentalmente lo que es su gente. Ustedes tienen, como tenemos los políticos, una gran responsabilidad, ante ustedes, ante los más próximos a ustedes y también ante el conjunto de la sociedad. Les agradezco mucho su presencia.

Quiero felicitaros a todos los que habéis participado en esta Conferencia Política, a los coordinadores, los ponentes y a todos los que habéis intervenido en los debates. Permitidme que felicite de manera muy especial a la Dirección del Partido, a la secretaria general, a los vicesecretarios, la mayoría se han incorporado hace pocas fechas a la Dirección, les agradezco que lo hayan hecho, estoy convencido de que va a ser bueno para nuestro Partido y también para ellos. Yo también un día fui vicesecretario. Gracias a todos por el gran trabajo que habéis realizado en tan poco tiempo.

Esta ha sido una gran conferencia política, en la que se ha hablado de todo lo que interesa a los españoles, de lo que les preocupa, de lo que necesitan, de los retos a los que van a tener que hacer frente en el futuro y de lo que esperan de nosotros.

Habéis demostrado a todos que este partido sigue siendo el manantial de ideas y la fábrica de proyectos que da coherencia a toda nuestra gestión. Nuestro comité asesor son eso 800 mil militantes del Partido, a los que se refería Andrea en su intervención.

El resultado de estos debates va a constituir la base del programa electoral que empezaremos a elaborar de manera inmediata, desde mañana, porque antes de fin de año habrá concluido nuestro mandato y celebraremos elecciones generales.

Y, queridos amigos, esas serán unas elecciones muy importantes, tanto o más que las de 2011.

Hace cuatro años, la elección era más fácil: lo que estaba en juego era huir de aquella catástrofe; se trataba, sencillamente, de dar un cambio urgente e imperioso. Se trataba de dejar atrás la pesadilla, los sobresaltos diarios, la letanía de malas noticias. Insisto, entonces la elección era muy sencilla.

Ahora, en cambio, la alternativa es distinta y exige de nosotros más habilidad, más convencimiento y más persuasión. Como, felizmente, la situación ya no es desesperada ni urgente, hay quien pudiera pensar que ya no tiene tanta importancia, pero no es así: en estas elecciones de 2015 está en juego que la tarea de estos cuatro años continúe y rinda todavía más frutos o se pierda todo lo conquistado.

Los españoles, pues, no van a tener que escoger entre opciones que presentan pequeñas diferencias de matiz, sino grandes divergencias, tan diferenciadas como el blanco y el negro, la certidumbre o la aventura, el avance o el retroceso.

Y esto no lo digo yo: lo dicen nuestros contrincantes. Son ellos quienes se esfuerzan por agrandar las distancias. Son ellos quienes vienen con la piqueta en la mano. Los que anuncian que intentarán derogar todas y cada una de las reformas que hemos hecho y que han traído la recuperación a España; da lo mismo que hayan servido para crear empleo a un ritmo desconocido hasta ahora, para cuadrar las cuentas públicas o para reducir el abandono escolar… da lo mismo. Lo quieren anular todo… y sabemos que si pueden, lo harán. Pero no les vamos a dejar.

Que nadie se llame a engaño con lo que pueda pasar. Las recientes elecciones municipales nos han dado una buena lección a todos: o el Partido Popular logra una mayoría suficiente para continuar la tarea emprendida, o cualquiera de las demás candidaturas buscará -y encontrará- alianzas para impedir que gobernemos.

No tienen otra pretensión. No tienen otro programa de gobierno, ni otra oferta a los españoles. Están decididos a unir fuerzas, cualquiera con cualquiera, sin que importe su pasado, ni sus propósitos, ni sus convicciones democráticas, ni siquiera sus antiguas rivalidades. Están dispuestos a pasar por encima de todo eso porque, ante el empeño sectario de impedir que gobierne el Partido Popular, cualquier otra consideración se arrincona.

En esta tarea se afanan tanto los que nos arrastraron al mayor desastre económico de nuestra historia reciente, como los independentistas que saben que somos el mejor baluarte de la defensa de la unidad de España. También esos nuevos “turistas del ideal” que nos venden unos extraños paraísos donde los jubilados no pueden cobrar su pensión, o donde los supermercados están vacíos y las cárceles están llenas de opositores.

Poco cuenta cuál de ellos obtenga ventaja electoral, porque, al final se sentarán juntos. Y lo sabemos todos.

De ahí la importancia de estas elecciones, de sus repercusiones, de sus consecuencias. De ahí que el Partido Popular tenga que esforzarse al máximo. No podemos permitir que quede un sólo español sin ser consciente de que se está jugando su futuro.

Tenemos que llegar a esa gran mayoría de españoles que han sabido luchar contra la crisis y comprometerlos con ese objetivo primordial: impedir que España regrese a la pesadilla de la que hemos salido. Tenemos que convocar a los españoles a un futuro de bienestar, empleo y convivencia en paz.

Queridos amigos

¿Qué nos avala para ello?

¿Cuáles son nuestras credenciales para presentarnos ante los españoles? Muy, sencillo. Lo que hemos hecho.

Se sabe cuáles eran nuestros objetivos al llegar al gobierno en aquellas desoladoras circunstancias.

Se sabe qué hemos hecho y se sabe qué hemos conseguido.

Se sabe también, y esto es lo importante, que nos proponemos continuar por el mismo camino.

Cuando nos hicimos cargo de España, cada día, más de cuatro mil personas perdían su puesto de trabajo. Estábamos a punto de quebrar y nos amenazaba un rescate. Algunos auguraban que España saldría del euro. Pero no voy a volver sobre aquello.

Lo que importa es que nos pusimos a trabajar en lo más urgente, es decir, en detener aquel aumento del paro, tan doloroso como incontenible y, al tiempo, recuperar la confianza de nuestros acreedores, la dichosa «prima de riesgo». Lo primero fue detener aquella caída sin freno, y arreglar una situación financiera que obligaba a pagar en intereses de la deuda un dinero que necesitábamos para las pensiones, las prestaciones por desempleo, la sanidad, la educación…

Nos costó casi dos años, pero conseguimos impedir el desastre. Palabras como «rescate», «quiebra» y «salida del euro», han desaparecido de nuestro lenguaje cotidiano y si aparecen, es en relación con otros, no con nosotros.

Después vino una etapa minuciosa de recuperación, de avances, de levantar cabeza, de comenzar a crear empleo, de respirar cada día un poco más hondo. Hemos dedicado otros dos años a ese esfuerzo y hoy podemos decir con legítimo orgullo que, aunque quede mucho por hacer, la recuperación económica es innegable.

Hoy podemos decir que, a pesar de la etapa durísima que hemos vivido, ya hay menos españoles en el paro, más personas ocupadas y más cotizando a la Seguridad Social que cuando llegamos al gobierno. Hoy también mejora el bienestar de un número cada vez mayor de españoles. Incluso podemos decir, felizmente, que empiezan a bajar los impuestos, y van a seguir bajando en el futuro.

Queridos amigos, ¡qué importante es poder decir esto después de lo que hemos sufrido durante estos años! Eso es lo que da sentido a todas las críticas, las incomprensiones, los sinsabores y los esfuerzos que se han hecho.

Ahora vemos el resultado. Ahora podéis decir con orgullo: “yo estuve allí”; en cada ayuntamiento, en cada diputación, en cada Comunidad autónoma, trabajando para la recuperación de España. Haciendo lo que había que hacer, aunque no fuera lo más grato, y aunque en muchos casos no haya tenido la recompensa que merecía. Soy muy consciente de esto, queridos amigos del Partido Popular.

Ahora, ante esos resultados, todos los hombres y mujeres del PP- los que gobernamos y los que ya no gobiernan y los que estuvieron ahí- podemos felicitarnos porque juntos, en una gran labor colectiva, hemos escrito otra página que siempre será motivo de orgullo para nuestro partido, para el Partido Popular, el partido que siempre tiene que arreglar lo que otros estropean. Siempre, una vez más y estamos dispuestos a hacerlo tantas veces como se nos demande.

Este año 2015, España será el país grande de la «zona euro» que más crezca, por encima de Alemania o de Francia. También por encima de Reino Unido y de Estados Unidos.

¿Quién se atrevía a pronosticar esto en el año 2012? Sinceramente, nadie.

Más aún, ¿quién iba a decir, hace sólo unos meses, que ese crecimiento fuera del 3.3%?

¿Quién podía pensar que en un año y medio se hayan creado casi 900.000 empleos en España? Nadie…

Y os diré algo más, porque eso tiene que tenerlo interiorizado este partido.

Las cosas no han salido bien por casualidad, que es en lo que están ahora algunos, hay formas diferentes de gobernar. Han salido bien porque supimos acertar con las medidas y tuvimos la voluntad de aplicarlas; porque supimos perseverar contra corriente, incluso contra la incomprensión, hasta lograr que dieran fruto. Y pudimos hacer todo eso porque nunca dudamos de la responsabilidad y la iniciativa de una gran mayoría de nuestros compatriotas, los españoles. Jamás dudamos.

Ya sabemos que el beneficio no llega todavía a todos. Ya sabemos que nos queda mucho trabajo por delante. Nunca la marea cubre toda la playa en el primer empujón. Pero estamos creciendo y, si se nos deja, alcanzaremos el objetivo. Porque ahora se sabe, aquí y en la calle, que es posible alcanzarlo, que lo tenemos muchísimo más cerca, y que el esfuerzo a partir de ahora será mucho más llevadero porque hemos dejado atrás las penalidades de la cuesta arriba.

Hoy en España la economía crece con fuerza y miles de españoles encuentran un trabajo cada día. Es la verdad, hay muchos que no, pero hay muchos que sí. Estas son nuestras credenciales en lo que era más apremiante para los españoles cuando nos encomendaron la tarea.

Eso era en 2011 lo más apremiante para los españoles.

Pero hay más credenciales.

Hemos sufrido una crisis inclemente, que a ratos parecía insoportable y a ratos invencible.

Sabemos perfectamente las dificultades que han pasado y que todavía pasan muchos españoles, por eso, en cuanto llegamos al Gobierno, señalamos las líneas rojas que de ninguna manera estábamos dispuestos a traspasar. Y así ha sido. Y de esto hay que hablar.

En España, cada primero de mes, 9.300.000 españoles cobran su pensión. Una pensión que descongelamos porque otros las habían congelado, que no ha perdido poder adquisitivo y que no ha dejado de llegar, puntualmente, en ningún momento, fueran cuales fuesen las circunstancias.

Queridos amigos, en otros países no ha ocurrido así. Y hoy hay quien se ha comprometido con la Unión Europea a congelar las pensiones durante 6 años. España no, porque hizo sus reformas y los españoles sus esfuerzos.

En un momento de enorme dureza también hemos podido atender a aquellas personas que no tenían la posibilidad de trabajar. Los españoles han dedicado 30.000 millones de euros al año para atenderlos. Esto es muchísimo dinero para una economía como la nuestra, pero entre todos hemos sido capaces de hacerlo. Y hacerlo en los años más duros. En los años buenos lo hace cualquiera.

Queridos amigos, también hemos mantenido una Sanidad pública de calidad, como pocas en el mundo- y hay que decirlo porque es así, como muy pocas en el mundo-, hay pocas sanidades como la que hay en nuestro país, y hemos sido capaces de mantenerla. Una Sanidad universal, pública y gratuita; como es universal, público y gratuito nuestro sistema educativo; contamos también con un sistema de servicios sociales a la altura de un país como el nuestro.

Lo que quiero decir es que, en unas circunstancias de extrema escasez, cuando hay que mirar mucho cada euro que se gasta, nos propusimos -y hemos sido capaces- de sostener los pilares fundamentales del Estado de Bienestar. Este partido, habría que ver a otros.

Y lo hemos hecho por convicción, porque eso era lo justo, porque así entendemos que debe ser la España que, entre todos, estamos construyendo. Queríamos hacerlo y además -y esto es muy importante- supimos hacerlo.

Hace unos días la OCDE publicaba que España era el país donde más había crecido el gasto social a lo largo de la crisis, el primero, la OCDE. Lo hemos hecho por convicción, porque era lo justo, así entendemos que debe ser la España que entre todos estamos construyendo, queríamos hacerlo y, sobre todo, supimos hacerlo. Esto también cuenta.

No teníamos dinero para casi nada, y nos costaba mucho obtenerlo, pero pudimos aguantar en los momentos más difíciles. Insisto, supimos hacerlo.

Y es que cuando se gobierna no basta con las buenas intenciones, además hay que saber hacer las cosas. Buenos sentimientos tenemos todos, aunque escuchando a algunos podría poner en tela de juicio esta afirmación, pero la diferencia entre unos y otros, estriba en saber hacer las cosas o no; en que esos buenos deseos se hagan realidad en los hogares de la gente o que sigan esmaltando únicamente los palacios de la retórica, o –lo que es peor– de la demagogia.

Ahora, que lo peor ha quedado atrás, hay algo que podemos proclamar con orgullo:

Es muy importante que hayamos salido de la noche más negra de la crisis; muy importante que cada vez más españoles encuentren un empleo y que el horizonte se nos llene de esperanzas… Pero no es menos importante que España se haya probado a sí misma que es una Nación solidaria.

Una nación solidaria que es responsable de todos sus miembros, sin excepción ninguna; una nación capaz de superar travesías penosas y escenarios desoladores, como los que hemos conocido, sin abandonar a quienes lo tienen más difícil. Y una nación solidaria en la que todos han puesto su grano de arena.

Hay cosas que hay que recordar de cuando en cuando.

¡Qué hubiera sido de todas esa familias que no disponían de otros ingresos, si no hubieran podido contar con la pensión de los abuelos!

Esa es la dimensión real de la nación española y de su unidad: la conciencia de que existe un espacio en que la responsabilidad y la solidaridad se funden con la convicción de que nada de lo que ocurra a cada español nos es ajeno.

Yo me siento orgulloso de esa España, muy poquito, pero algo ha contribuido también la clase política española. Eso ha sido posible, entre otras cosas, porque, contra el criterio de muchos, rechazamos un “rescate”.

Lo hicimos porque confiábamos en los españoles y en nuestra capacidad para afrontar aquellos trances. Confiábamos en España mucho más que los partidarios del rescate. No necesitábamos más endeudamiento. Que es lo que significa un rescate. Endeudarse mucho más, desde fuera te dicen lo que tienes que hacer y pierdes la soberanía.

Alguien dijo que "Un país endeudado no tiene, ni soberanía, ni democracia". Un país que gasta más de lo que gana deja de ser soberano porque depende de sus acreedores y por tanto sus ciudadanos ya no deciden plenamente su destino

Eso, queridos compañeros, es lo que estaba en cuestión en el inicio de esta legislatura: ¿íbamos los españoles a ser capaces de mantener nuestra soberanía económica? ¿Podríamos fijar nuestras prioridades? ¿Nuestra política económica? ¿Nuestra política social?

Todos sabíamos que tendríamos que hacer esfuerzos para salir del pozo, la cuestión era si podíamos decidir nosotros qué esfuerzos hacíamos o lo decidían desde fuera otros que no iban a sufrir las consecuencias. Esta es la historia de la que algunos todavía no se han enterado.

Tuvimos que tomar decisiones difíciles e ingratas, pero sólo había dos caminos: hacer lo que debíamos, probablemente perdiendo votos, o no hacer lo que debíamos, quizá también perdiendo votos, pero además perjudicando a España. Escogimos el camino que, se ha demostrado, era el mejor para nuestro país.

Hicimos lo que debíamos: rechazamos el rescate y nos esforzamos por aplicar, con energía, las medidas económicas que había que hacer, y decidimos nuestra propia política social.

Estos son nuestros avales. Este es el sendero que hemos recorrido y por el que nos proponemos continuar.

Este es el cambio, amigos. Ahora todo el mundo habla del cambio, del cambio tranquilo, sensato, razonable, de modelo, mediopensionista, hacía ninguna parte, pero amigas y amigos, vosotros podéis decir que las cosas ya están cambiando que somos nosotros, el Partido Popular, quienes estamos cambiando las cosas.

El cambio no es ese el eslogan manido al que se agarran quienes no tienen nada que ofrecer. Nada.

El cambio somos nosotros: los que dejamos atrás la recesión, los que hemos encendido el motor de la economía española, los que hemos despejado de angustias del día a día de tantos españoles, los que hemos conseguido que en todo el mundo se vuelva a hablar con respeto de nuestro país.

El cambio no es un “quítate tú para ponerme yo”. Eso es lo que quieren algunos, y es muy legítimo, pero eso no es el cambio. El cambio es arreglar las cosas, los desaguisados que otros dejan, y eso es lo que hacemos nosotros.

Quería deciros algo más,

Hemos dado un paso de gigante, es verdad, pero no está consolidado. Avanzamos con decisión, pero podemos retroceder. Estamos levantando un proyecto muy atractivo, pero no está completo.

Sobre todo, porque todavía quedan varios millones de españoles sin empleo y ellos son quienes nos obligan a seguir en la batalla contra el paro, pero también porque nuestra arquitectura económica aún no está completamente a salvo de cualquier tipo de turbulencias.

Conviene ser conscientes de eso y que todos los españoles lo sepan, y sepan también que nuestra tarea no ha concluido.

Queridos amigos: no podemos pararnos a descansar, sería un disparate, no existe esa opción en el mundo de hoy. Los países sólo tienen una alternativa: avanzar o retroceder; pararse es tanto como retroceder.

No hay que irse muy lejos para ver lo fácil que puede resultar arruinar una recuperación en marcha. Ojalá, que este fin de semana el gobierno griego cierre por fin un acuerdo con las instituciones europeas. Ojalá. Todos lo deseamos de corazón. A la mayoría no nos ha gustado lo que hemos vivido estos días. Pero ese acuerdo no va a devolver ni el tiempo perdido, ni va a reparar el daño causado.

Yo estuve en Atenas a principios de año: entonces Grecia iba a abandonar ya el segundo rescate, iba volver a los mercados, iba a empezar a devolver su deuda, iba a crecer un 2.9% y estaba creando empleo. Eso era Grecia hace sólo seis meses.

Hoy están metidos de nuevo en la recesión, a la espera del tercer rescate, con la economía estrangulada por falta de financiación y de reformas y, lo peor de todo, con la gente en la calle, haciendo colas para conseguir unos euros que les permitan pasar el día.

¿Es ese el cambio que nos ofrecen los nuevos partidos de extrema izquierda? ¿Es ese el cambio que van a patrocinar y amparar los socialistas, como han hecho en tantos ayuntamientos de España? Deberían estar abochornados ante lo que estamos viendo: unos por defender las políticas que han llevado a esa situación, otros por legitimarlas con su apoyo.

Eso es sólo la prueba de lo fácil que resulta arruinar un país y tirar por la borda todos los esfuerzos realizados en años. Y eso lo tienen que tener muy presente los españoles cuando decidan que quieren que ocurra en su país en el futuro.

Y algunos quieren que no hablemos de esto, y dicen que eso es el voto del miedo. Pues bien, yo no sé qué es voto del miedo, lo que sí sé es que da miedo ver lo que están pasando en algún país de la UE. Claro que da miedo. Como da miedo recordar lo que pasaba en España hace solo cuatro años, cuando la gente se iba al paro por centenares de miles cada año.

De todos modos, nosotros no vamos a hablarle de esto a los españoles. No. En absoluto. Nosotros vamos a ofrecerles a los españoles la esperanza de formar parte de un país mucho más rico, más moderno, más solidario y más integrado de lo que somos hoy.

No vamos a decirles que no queremos volver al pasado, que eso se da por supuesto; nosotros vamos a decirles que vamos a trabajar con determinación para ganar un futuro mucho mejor.

He dicho ya otras veces que si España quiere contemplar su futuro con serenidad, necesita alcanzar, como mínimo los veinte millones de personas con empleo.

No se trata de cifras mágicas, sino de una meta que representa la estabilidad. Porque con una población trabajadora de veinte millones, las cotizaciones a la Seguridad Social serán suficientes para despejar inquietudes sobre el Estado de Bienestar; y la recaudación de Hacienda nos permitirá sostener la sanidad, la educación, el cuidado del medio ambiente y también la ayuda que nos gustaría ofrecer a otros países.

Y esto se puede conseguir, lo tenemos al alcance de la mano. Con perseverancia y manteniendo la misma política que nos ha traído hasta aquí, tendremos veinte millones de personas trabajando en España al final de la próxima legislatura.

Este año se van a crear más de 500.000 empleos netos. ¿Quién duda de que seremos capaces de hacerlo? Claro que seremos capaces. Ese es nuestro objetivo y nuestra ilusión.

Somos nosotros los únicos capaces de llevarlo a cabo. Nadie más. Sabemos cómo hacerlo, otros no. Lo hicimos en el pasado, lo estamos haciendo y lo volveremos a hacer en el futuro.

Queridos amigos, esto es lo que queremos para España en los próximos cuatro años, porque el empleo, es la base sobre lo que se fundamenta todo lo demás, es la base de un país que se siente seguro, que ambiciona un mayor bienestar, un país con las cuentas públicas más saneadas, con más atractivo para la inversión extranjera. Esa España que hemos empezado a anticipar en estas jornadas; la España que queremos y por la que vamos a trabajar hasta la extenuación.

Ante todo queremos una España unida. Somos el país más viejo de Europa. Una España en la que a ningún español se le prive de su derecho decidir lo que quiere que sea su país. Queridos amigos, eso se llama soberanía nacional, a la que nunca vamos a renunciar.

También una España donde los poderes públicos garanticen la libertad y los derechos fundamentales de los ciudadanos y donde todas las personas sean iguales en derechos, y también en obligaciones y oportunidades. Esta es la España de nuestra Constitución, la mejor que hemos conocido nunca, la que nos ha permitido vivir la etapa de mayor progreso de nuestra historia.

Queremos también una España mejor integrada. Donde no haya que hacer política de campanario para ganar adeptos. Una España donde CCAA y Gobierno central puedan seguir cooperando en beneficio de los ciudadanos, como han cooperado hasta ahora en la salida de la crisis.

Una España más segura, donde se vuelva a rellenar la hucha de las pensiones, donde nadie tema por su futuro y por lo que puede sucederle si tiene un revés en la vida. Una España donde estén garantizadas y a salvo de contingencias una sanidad y una educación públicas y de calidad para todos.

Una España que, con más empleo y mejor formación, vaya cerrando las brechas de desigualdad que hoy nos dividen y de lo que tanto hemos hablado en estas jornadas. Es el paro la que genera desigualdad y es la buena formación la que ayuda a generar empleo.

Una España más transparente, más eficaz y más limpia. Donde los casos de corrupción sean anécdotas y no una letanía diaria. Donde la política sea considerada lo que es, una profesión noble y fiable.

Una España más dinámica, con menos impuestos, con más apoyo a los emprendedores, con trabajadores más cualificados y que fomente la innovación.

Quiero una España más ambiciosa. Con más empresas, más todavía, peleando por las grandes obras de todo el mundo, con más pequeñas empresas, más todavía, conquistando nuevos mercados, con más industrias que generen puestos de trabajo estable y de calidad.

Una España infatigable ante cualquier tipo de violencia, violencia de género, contra la violencia en el hogar. Hoy todos estamos sobrecogidos por el salvaje asesinato de una chica, Laura, en la isla de la Palma. Quemada. La última víctima de la violencia.

Hoy es el momento de deciros: No estáis solas. Tenéis un país dispuesto a protegeros y ayudaros a rehacer vuestra en libertad.

Una España con unas Fuerzas Armadas que garanticen aquí y fuera de aquí, como lo hacen, nuestra seguridad. Que en estrecha coordinación con nuestros aliados afronten los enormes retos y amenazas que tenemos tan cerca.

Una España con unos Fuerzas y Cuerpos de Seguridad que con eficacia contrastada velen por nuestros derechos y nuestras libertades.

Y una España que participe activamente en la construcción y mejora de ese gran proyecto político que es la Unión Europea. El nuestro.

Ahora que proliferan los extremistas antieuropeos de derecha y de izquierda, el Partido Popular va a seguir dando la batalla por Europa, por ese ideal de paz y de progreso, que cada día es más una realidad: una Europa unida.

No es tan difícil lo que queremos, solo un país mejor que el tenemos hoy, más orgulloso de sí mismo y más consciente de sus enormes fortalezas, que son muchas más de las que a veces se reconocen. Hay algunos que parecen disfrutar sacando brillo a lo que es mejorable, pero jamás dicen nada bueno de su país.

Digámoslo nosotros. España es una gran nación, que si no damos marcha atrás, está lanzada a abrir el mayor periodo de progreso y de bienestar de toda su historia.

Un partido grande, unido, coherente

Si estas cosas las dijera yo solo no pasarían de ser un buen deseo. Cobran peso porque las afirmamos todos, porque las sostiene el Partido Popular que es la mayor formación política de España, que echa raíces en todos los rincones y que ha sido la fuerza más votada en todas las elecciones celebradas en esta legislatura.

Un partido unido en la idea de servir a los españoles, unido en la coordinación de esfuerzos, unido en el mensaje que repetimos con gallardía, en todas las plazas de todos los pueblos.

Un partido que ha sido decisivo en los avances de estos años, porque ni quienes estamos en el gobierno de España, ni quienes habéis gobernado y gobernáis en CCAA y Ayuntamientos, hubiéramos podido alcanzar los resultados que ahora ofrecemos sin contar con vuestro apoyo y vuestro respaldo. Sois vosotros los que habéis hecho posible esta complicada travesía. Sois vosotros los que estáis trabajando a fondo y transformando España.

Formamos un gran partido. Con nosotros todo el mundo sabe a qué atenerse. No necesitamos, como otros, envolvernos en la bandera de España, ni para que se nos reconozca, ni para disimular otras carencias, ni para camuflar otras banderas, ni para que nadie olvide lo que hemos hecho con nuestro voto.

El amor a España se nos presupone; la lealtad a las instituciones se nos reconoce; la defensa de la Constitución se nos da por supuesta. No necesitamos sacarla de paseo para que conste.

Somos el gran partido del cambio y, por más que les pese a algunos, el más opuesto al inmovilismo. Nunca cambia tanto España para mejor como cuando gobierna el Partido Popular.

No diré lo que ocurre cuando gobierna el Partido Socialista, porque ya lo sabemos todos. De los recién llegados, no puedo hablar, porque les envuelve la niebla y no les hemos visto actuar.

De unos conocemos los modelos en que se inspiran y lo que ya han empezado a decir y hacer en ciertos ayuntamientos. De otros, ni siquiera eso: lo mejor que nos ofrecen son aquellos mundos del poeta: “sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”

El Partido Popular es el instrumento que ofrecemos modesta y humildemente a todos los españoles para que España consolide su futuro. Lo hacemos con nuestros errores y nuestras culpas. Somos seres humanos. Los demás, no. Jamás se equivocan. Nosotros sí.

Desde mi punto de vista, es el mejor instrumento, la apuesta más solvente, el asidero más seguro, el proyecto más tranquilizador. Así lo veo yo y así conviene ofrecérselo a los ciudadanos.

Habéis debatido ayer mucho sobre qué partido queremos. Qué debemos cambiar en nuestra organización para ser más útiles a los españoles. Para conectar mejor con sus inquietudes y darles respuestas.

Yo os animo para que sigáis trabajando para perfilar las propuestas más oportunas. Cambiaremos lo que haya que cambiar. Como siempre lo hemos hecho. Pero cuando aprobemos los cambios lo llevaremos a la práctica para cumplirlos, no para descafeinarlos. Y lo haremos para darle mayor protagonismo a nuestros afiliados.

Aquí todo el mundo presume de primarias. Pero lo único que se ven son remedos de plebiscitos. Unos las anulan; otras las hacen de lista única y otros ponen tantas trabas a los candidatos que solo queda uno. ¿Qué broma es esta?

No aceptamos lecciones de todos ellos. Ninguna.

Nosotros siempre hemos evolucionado al ritmo de la sociedad española. Lo seguiremos haciendo. Haremos las cosas con orden y eficacia, como lo hace el PP. Y sin olvidar lo importante. Las personas a las que le pedimos la confianza. Eso es lo importante.

Hay muchas personas que quieren que ganemos las elecciones. Vamos trabajar para ello. Pero debemos ganarlas bien, de manera que España pueda continuar su avance sin vacilaciones.

Lo que yo os pido, a todos y a cada uno de vosotros, es que, sin alharacas pero sin ocultar la verdad, sepáis mostrar esta realidad pueblo por pueblo, familia por familia, a todos los españoles, hasta aglutinar esa mayoría grande, generosa, responsable que asegure el futuro de bienestar y de prestigio que España necesita, que España se merece y que nos está esperando".

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