Hay fechas marcadas en rojo para los melómanos de la capital, y el próximo 8 de abril es, sin duda, una de ellas. La Fundación Excelentia regresa al Auditorio Nacional con una de esas obras que no solo se escuchan, sino que se sienten en la boca del estómago: la Sinfonía n.º 3 en Mi bemol mayor, Op. 55, universalmente conocida como la “Eroica”.
Será a las 19:30 con la Orquesta Clásica Santa Cecilia bajo la dirección de Guy Braunstein y con el solista de violín en la pieza de Sibelius, Kevin Zhu. Acompañarán a la “Eroica” la Rapsodia Noruega, núm. 1 en la mayor de Halvrsen y el Concierto para violín y orquesta en re menor, op.47 de Sibelius.
No estamos ante una sinfonía más. Cuando Ludwig van Beethoven estrenó esta obra, el mundo de la música sufrió un terremoto. Atrás quedaban las formas amables del Clasicismo de Mozart o Haydn. La “Eroica” llegó para romper los moldes: era más larga, más intensa y mucho más emocional que cualquier cosa escrita hasta 1804. Fue la obra favorita de Beethoven hasta que compuso su Novena Sinfonía. Es el puente perfecto entre la elegancia del siglo XVIII y la pasión desatada del Romanticismo. Para él, la música ya no volvería a ser “solo entretenimiento”, sino una vía directa al alma.
Originalmente dedicada a un Napoleón Bonaparte que Beethoven admiraba como símbolo de libertad (dedicatoria que, según cuenta la leyenda, el compositor arrancó con furia al enterarse de que Bonaparte se había coronado emperador), la obra acabó convirtiéndose en un himno al espíritu humano y su capacidad de superación. La historia cuenta que Beethoven rompió la portada al grito de: “¡Ahora él también pisoteará los derechos humanos!”. Lo cierto es que, aunque borró el nombre de Bonaparte, la dedicatoria final rezaba: “Compuesta para celebrar la memoria de un gran hombre”.
Momentos vibrantes y aniversario
La Fundación Excelentia se ha consolidado como un referente por su capacidad de acercar los grandes clásicos al público actual, cuidando tanto el rigor técnico como la pasión interpretativa. En un espacio con la acústica privilegiada del Auditorio Nacional, la experiencia de escuchar a Beethoven se convierte en algo casi religioso.
El concierto del 8 de abril bajo el sello de Excelentia promete una lectura cuidada y potente y también una celebración puntual 221 años después del estreno que ocurrió el 8 de abril de 1805 en el Theater an der Wien de Viena, si bien hubo un estreno privado un año antes en 1804, en el palacio del príncipe Joseph Franz von Lobkowitz, principal mecenas de Beethoven.
Fue una interpretación íntima para un círculo selecto de la aristocracia vienesa. Fue precisamente este estreno público el que generó esa mezcla de desconcierto y fascinación que mencionamos antes; la obra fue tan revolucionaria en duración y complejidad que dejó al público de la época dividido. No fue un éxito inmediato; el público, acostumbrado a piezas cortas y predecibles, se sintió abrumado.
Beethoven no solo escribió una sinfonía más larga (casi el doble que las de la época); cambió las reglas del juego compositivo: La disonancia como motor: En el primer movimiento, Beethoven introduce un Do sostenido inesperado que rompe la armonía tradicional. No es un error; es la representación del conflicto. El desarrollo expandido: Lo que antes era una sección de “relleno”, aquí se convierte en el corazón de la obra. Beethoven estira los temas, los retuerce y los lleva al límite de la resistencia orquestal. El uso de las trompas: Por primera vez, se utilizan tres trompas en lugar de las dos habituales, permitiendo texturas mucho más heroicas y robustas, especialmente en el trío del Scherzo.
Momentos esenciales: ¿Dónde aguzar el oído? El inicio bofetada: Olvida las introducciones lentas. La obra arranca con dos acordes secos y fuertes que dicen: “Aquí mando yo”. La “Marcha Fúnebre” (Adagio assai): Es el momento de máxima tensión emocional. Representa el entierro del héroe.
Es tan poderosa que se interpretó en los funerales de figuras como Felix Mendelssohn o las víctimas del atentado de Múnich 1972. El Finale y su secreto: El cuarto movimiento utiliza un tema que Beethoven ya había usado en su ballet Las criaturas de Prometeo. Es un guiño al mito del titán que roba el fuego a los dioses para dárselo a los hombres.
La “Eroica” ha sido la banda sonora emocional de momentos clave en el cine. Desde el aire aristocrático de “Amada Inmortal” hasta películas como “Hitchcock” (2012) o incluso en la serie “The Crown”, donde subraya la carga del deber y la gloria.
Mucho más que una sinfonía
Asistir al concierto de la Fundación Excelentia el 8 de abril no es solo ir a escuchar música; es ser testigos de la partitura que dio luz verde al Romanticismo. La fuerza de su orquesta y la acústica del Auditorio Nacional son los aliados perfectos para que este gigante de más de 220 años vuelva a caminar entre nosotros. Y para comprenderlo mejor nada como asistir a la Conferencia del 6 de abril a las 19:30h: “La Eroica de Beethoven: mucho más que una sinfonía” en el Club Monteverdi (C/ Almagro 36) con Carlos de Matesanz (crítico musical y director de programas de Radio Clásica) y que servirá de antesala al concierto del 8 de abril a las 19:30h en la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional.





