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NOVENA MUJER EN LA RAE

Aurora Egido, la pasión de Baltasar Gracián y el Siglo de Oro

Es la novena mujer que ingresa en la Real Academia Española (RAE). Gran experta en el Siglo de Oro, su discurso fue "una peregrinación" por la obra de Baltasar Gracián.

Hechosdehoy / UN
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Aurora Egido (Molina de Aragón, Guadalajara, 1946) está considerada una autoridad mundial en Gracián. Lleva años dedicada al estudio del autor de El Criticón y de otros muchos, porque considera "perniciosa la especialización absoluta que hay ahora". Pero no puede ocultar su pasión por Gracián.

"Leerlo es una aventura y un desafío porque su propio texto es laberíntico. Y es interesante ver cómo el laberinto del estilo, del lenguaje y el conceptual refleja también el laberinto del mundo y de la sociedad", dijo esta catedrática de Literatura española de la Universidad de Zaragoza, que ha impartido clases, además, en universidades de Estados Unidos y Reino Unido.

Antes de centrarse en la obra de Gracián, Aurora Egido recordó la figura del cineasta José Luis Borau, su antecesor en el sillón B de la Real Academia Española y al que conoció "gracias a una amiga común, Carmen Martín Gaite". Aurora Egido vivió durante ocho años en la misma calle donde José Luis Borau residió con sus padres y cuando ella fue a Los Ángeles de profesora visitante, el cineasta acababa de dejar la ciudad después de haber pasado allí diez años para rodar la película Río abajo.

Experta también en autores como Cervantes, Calderón y Lope de Vega, Aurora Egido evocó la trayectoria cinematográfica y literaria de José Luis Borau, que fue guionista, actor, productor, director, editor, profesor y crítico de cine. Un hombre "inasequible al desaliento", como dijo Mario Vargas Llosa en su contestación al discurso de ingreso en la RAE de José Luis Borau, titulado El cine en nuestro lenguaje.

Acompañada por sus hijos y sus nietos y por numerosos amigos, venidos algunos de ellos desde Estados Unidos, Aurora Egido fue viendo cómo desde su primer libro, El héroe, Gracián (1601-1658) "estaba obsesionado por dos búsquedas, la de la felicidad y la de la inmortalidad".

En El Criticón, esa primera búsqueda se transforma en la de la inmortalidad, que ya "para los clásicos era muy importante porque indica que la persona no desaparece en la cueva de la Nada sino que se perpetúa en la memoria ajena a través de sus obras", señaló Aurora Egido, que en 2001 fue comisaria del IV Centenario del Nacimiento de Gracián.

Esa doble intención de "eternizar sus propias obras y a la vez otorgar gloria a los héroes y autores destacados en ellas por su probada excelencia", la tuvo Gracián "en un doble plano, ético y estético, pues, para él, ser persona era también un estilo", afirmó la nueva académica. Gracián, cuyo pensamiento "se adelantó a su tiempo", particularmente con el Oráculo, ofreció en esa obra y en El Criticón "sutiles e ingeniosos hilos de oro para encontrar salidas en el laberinto del mundo".
 

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