“Este es el final del camino para los antibióticos, a no ser que actuemos rápidamente”, así de tajante se mostró Tom Frieden, director de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, no es en absoluto nueva, pero ahora los especialistas empiezan a ver las orejas al lobo y la realidad empieza a superar los peores presagios.
Por primera vez en Estados Unidos vez una cepa de la conocida y temida E. coli, considerada como una de las grandes superbacterias, ha resistido al tratamiento con colistina, el antibiótico de último recurso que se suministra a los pacientes cuando los demás no funcionan, lo que cada vez es más habitual.
No tuvo el menor efecto cuando se administró a una mujer aquejada por una infección urinaria provocada por la E. coli., lo que ha hecho saltar las alarmas en el país. Podría ser un caso puntual, pero la realidad demuestra que lo ocurrido en Estados Unidos no es un hecho aislado. Existen precedentes en otros países.
La resistencia a la colistina, originada por el gen mcr-1 en el plásmido de la bacteria, se documentó por primera vez en China a principios del pasado año, tanto en animales, donde cada año se suministran 12.000 toneladas de este antibiótico al ganado, como en humanos.
l fenómeno se reprodujo luego en otras naciones del sudeste asiático y se extendió también a Europa, donde han surgido casos en Gran Bretaña, Francia, Italia o España. Existen estudios, de hecho, que revelan que en España se han detectado resistencias a la colistina en el 0,15 % de los pacientes a los que se les administra el antibacteriano, lo que se hace fundamentalmente en hospitales.
De momento, es un porcentaje muy bajo y se trata de supuestos aislados, pero una vez iniciado el proceso ya no tiene vuelta atrás y este medicamento de último recurso también dejará de tener efecto más pronto que tarde.
“Lo que se está viendo con la colistina es algo que ya habíamos comprobado con anteriores antibióticos, que dejan de ser eficaces por la resistencia de las bacterias. Es un proceso cíclico. La predicción es que a corto o medio plazo no tendrá efecto, probablemente en pocos años”, explicó Germán Bou, jefe de Microbiología en el Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Chuac) y participante en un proyecto europeo dirigido a la búsqueda de antibióticos más selectivos y resistentes.
La situación es especialmente grave a la hora de atacar los bacilos Gamma Negativo, entre los que se encuentran la E. coli y una amplia gama de microbios que provocan una multitud de infecciones, desde la neumonía a la gonorrea, pasando por el botulismo, sepsis, meningitis o fiebre tifoidea.
El verdadero problema es que apenas se producen nuevos antibióticos que sustituyan a los que ya no sirven. De hecho, la colistina es un fármaco viejo. Fue descubierto en 1949 y se comenzó a utilizar a finales de los años 50, aunque en los 80 dejó de usarse porque era muy tóxico y provocaba importantes efectos adversos en el riñón y el sistema nervioso de los pacientes.
La solución que podría revertir esta situación pasa por la búsqueda de nuevos medicamentos que sorteen las defensas que les plantean los microbios. Pero la introducción de nuevos antibióticos en el mercado resulta cada vez más excepcional.
– Ver en Hechos de Hoy: Consumir miel, el tratamiento para acabar con las bacterias del organismo




