En sorprendente gesto de rendición de cuentas y asunción de responsabilidades, y reconociendo a la vez el fracaso de su liderazgo político, la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye, se dirigió a la nación en un mensaje televisado para pedir perdón. Quiso así, de nuevo, responder al mazazo que ha supuesto para el país el hundimiento del ferry Sewol y el fracaso de la misión rescate que supuso la desaparición de 304 personas, de los que se han recuperado 286 cadáveres.
Park Geun-hye no buscó excusas de ningún tipo. Reconoció que se falló a la sociedad en el momento crucial. Pidió perdón públicamente y lloró. Con lágrimas en los ojos asumió su incompetencia y la de su Administración en una tragedia que nunca se olvidará por la confianza con que las víctimas y sus familiares esperaron el rescate que nunca llegó.
Park Geun-hye lloró mientras pronunciaba, uno por uno, los nombres de todas las víctimas a las que calificó como "los verdaderos héroes de nuestro tiempo". Reconoció además que lo sucedido fue una combinación de las irregularidades y la corrupción arraigadas en la sociedad de Corea del Sur. Prometió firmemente poner fin a las prácticas corruptas y peligrosas como la presunta "connivencia irregular" de empresas y organismos reguladores a la hora de pasar por alto las normas de seguridad, tras revelarse que la naviera del Sewol sobrecargaba el barco habitualmente para elevar sus ingresos. De las 476 personas que viajaban en el barco sólo se salvaron 172.
También en su mensaje, la presidenta adelantó medidas drásticas de regeneración en las cuestiones de seguridad. "He decidido disolver el cuerpo de la guardia costera", anunció. Reconoció que "incumplió sus obligaciones básicas" y "fracasó en sus esfuerzos de rescate". A la vez, pese a las reuniones que ha tenido con familiares de las víctimas, quiso reconocer sus errores y pedir perdón por ello de forma solemne y pública.
"Como presidenta y responsable de la seguridad y las vidas de la gente, me disculpo de todo corazón por el dolor de los que han sufrido" dijo la presidenta reconociendo que es suya "la responsabilidad última por fallar en responder adecuadamente al accidente". En este accidente, una de las mayores tragedias humanas de la historia de Corea del Sur, las víctimas eran estudiantes de 16 y 17 años de un instituto de Ansan, en la periferia de Seúl. Como recogió Hechos de Hoy, los errores de gestión provocaron la dimisión del primer ministro surcoreano, Chung Hong-Won.
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