Toda la atención en Estados Unidos sobre las primarias de Nueva York. Es la metrópoli de los tres candidatos que son decisivos.
Donald Trump es un hijo de Queens, la zona noble. Se considera un magnate de la metrópoli. Su nombre ha quedado grabado en edificios emblemáticos. Hasta que comenzó la carrera, su perfil se dibujaba más como enfant terrible, enfrascado en los concursos de belleza.
Todo cambió cuando elevó el tono, chocó con Univisión y enfiló a los latinos. Fue emergiendo, de repente, como candidato outsider que comenzaba a seducir a audiencias muy diversas. Ha ido avanzando pero llegó a Nueva York como pesadilla del Partido Republicano, la cara y la cruz.
Ahora la metrópoli le mide. Las encuestas le situaron con el 52% por delante de John Kasich, gobernador de Ohio, 23%, y Ted Cruz, el senador de Texas, 17%. Ted Cruz se pegó dos tiros en sus pies antes de la votación. Es quien ha sido más despiadado con Nueva York atacando el apoyo de la ciudad al matrimonio gay, el derecho al aborto y sus vínculos con Wall Street. Ted Cruz se equivocó. Ganar a Donald Trump en Nueva York hubiera sido un triunfo muy particular. Aunque son unas primarias muy especiales, las posibilidades de Ted Cruz son escasas siendo un conservador más radical aún que el propio Donald Trump.
El verdadero morbo lo protagoniza la lucha cerrada de Hillary Clinton y Bernie Sanders que es la verdadera sorpresa en la pugna entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano. Para quien ha sido elegida por dos veces senadora por Nueva York es la extraña sensación de estar en el alambre en la ciudad de losrascacielos. La encuesta de última hora apuntó a una victoria cerrada de Hillary sobre Bernie, 53% sobre 41%. Es, por primera vez en las primarias, un duelo de vértigo.
– Ver en Hechos de Hoy, Wisconsin, el golpe inesperado de Ted Cruz a todos los excesos de Trump.




