La muerte de Paul Walker, el 30 de noviembre de 2013, supuso un antes y un después en las secuelas de Fast & Furious. Cabe recordar que el actor murió calcinado después de que su Porsche Carrera GT chocara contra un poste eléctrico y un árbol debido al exceso de velocidad.
Este fatal accidente afectó letalmente a los familiares de Walker así como a sus compañeros de la saga cinematográfica A todo gas, (Fast and Furious), con su íntimo amigo Vin Diesel a la cabeza. Ahora, Michelle Rodríguez, otra de sus compañeras de reparto en las películas que lanzaron a Walker al estrellato, acaba de detallar su calvario personal tras el fallecimiento del actor.
Según publica el portal TMZ y en base a un documental que en breve se emitirá, la actriz texana pasó un año profundamente triste y entregada a las drogas psicodélicas para mitigar su dolor.
“Cuando perdí a Paul, durante un año fui como un animal, ¿qué podía hacer, físicamente, para apartar de mi cabeza el sentido de la existencia? Mi mente estaba centrada en lo transitoria que resulta la vida y el hecho de estar aquí y desaparecer en cualquier momento. ¿Cómo podía dejar de pensar en eso?”, comentó en The Reality of Truth, de Michael Zapolin.
El proyecto de Zapolin, al que se unió Rodríguez es una exploración documental de “la relación entre la espiritualidad, la religión y la psicodelia”, según reza la página web de la película. Durante una visita a Perú con el director del documental, la actriz reconoce que consumió ayahuasca, una planta alucinógena, que, asegura, provocó “la destrucción de todo lo que he conocido”.
“Hice todo lo que podía hacer para esconderme de mí misma y le aseguro que mi viaje de ayahuasca me entristeció, porque pensé que yo me había quedado aquí. No estaba triste porque él se hubiera ido, sino porque yo me había quedado. Me daba celos que él se hubiera marchado el primero”, explicó la actriz.
– Ver en Hechos de Hoy: El amor de las mujeres, finalista del II Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América




