No fue el debate más importante de la legislatura. Se negó la existencia de un problema de fondo. El futuro de las pensiones pasa inevitablemente por reducir la aportación pública e incrementar la privada.
No será suficiente situar el equilibrio del sistema enfocado solamente a la mejora del empleo. Fue una ocasión única para un llamamiento a un ejercicio colectivo de pedagogía. No fue posible porque el momento actual es complejo en lo político, sobre todo con la ambición de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias de una doble pinza de izquierda socialdemócrata e izquierda anticapitalista pata tumbar a Mariano Rajoy con una moción de censura.
El presidente del Gobienro y líder del Partido Popular obviamente considera que es un momento de responsabilidades porque el conflicto político en Cataluña no está cerrado. Avivar marchas masivas en la calle, utilizando el malestar de los pensionistas, lo considera un error y un daño a los intereses generales.
De ahí que el debate sobre las pensiones en el Congreso de los Diputados lo recondujera Mariano Rajoy a la confluencia en torno a los Presupuestos Generales de 2018. Mariano Rajoy está convencido de la importancia de mantener este legislatura hasta el final, es decir hasta que se agote en 2020. Y está dispuesto a actuar con paciencia, coraje y mano izquierda.
Mariano Rajoy está dispuesto a revalorizar las pensiones más bajas de acuerdo con la inflación y a ofrecer un bono fiscal a los pensionistas con mayores ingresos, en el marco de los Presupuestos Generales de 2018. El anteproyecto será aprobado en el Consejo de Ministros del día 23, antes de la Semana Santa.
Queda por ver si Mariano Rajoy, con el apoyo y la gestión de Soraya Sáenz de Santamatía, logra levantar los apoyos necesarios para tener éxito en una batalla política clave. Si el presidente no lo logra, tiene su estrategia alternativa. Pero habrá coste político de cara a su objetivo de navegar entre borrascas hasta 2020.





