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NO ABUSAR

Las patatas fritas de bolsa, ¿más sanas que las fritas en aceite?

Aquellos participantes que tomaban cuatro o más raciones de patatas cocidas, al horno o en puré tenían un riesgo un 11% mayor de padecer hipertensión.

Hechosdehoy / Carmen Rodríguez Campos
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 Si hay un alimento básico en la dieta mediterránea esas son las patatas fritas. No en vano, se trata de una planta muy nutritiva y de fácil digestión que, además, puede cocinarse de multitud de formas diferentes. Sin embargo, y como sucede con casi todo, su consumo debe llevarse con moderación.Si bien algunas investigaciones publicadas en los últimos años sugieren que la patata podría ayudar a controlar la presión arterial, podría ser que, en realidad, no fuera así.

De hecho, un nuevo estudio dirigido por investigadores del Brigham and Women’s Hospital de Boston (EE.UU.) alerta que comer más de tres raciones de patatas cocidas, horneadas o en puré conlleva un incremento del riesgo de hipertensión arterial en los adultos. Un efecto que, en el caso de las patatas fritas, resulta incluso mayor.

“En nuestro estudio, los participantes que no tenían unas cifras elevadas de presión arterial en el momento de su reclutamiento y consumieron cuatro o más raciones semanales de patatas, ya fueran cocidas, horneadas o en puré, tenían un mayor riesgo de desarrollar hipertensión que aquellos que comían una o menos raciones mensuales”, explicó Lea Borgi, directora de esta investigación.

Para llevar a cabo la investigación, los investigadores analizaron la evolución de 62.175 mujeres participantes en el Estudio de las Enfermeras (NHS), de 88.475 mujeres incluidas en el Estudio de las Enfermeras II (NHS II), y 36.803 varones participantes en el Estudio de Seguimiento de la Salud de los Profesionales.

El único requisito era que ninguno de los participantes tuviera unos niveles elevados de presión sanguínea en el momento de su reclutamiento. Los resultados mostraron que, comparados frente a aquellos que consumían, como mucho, una ración de patatas al mes, los participantes que tomaban cuatro o más raciones de patatas cocidas, al horno o en puré tenían un riesgo un 11% mayor de padecer hipertensión.

Un efecto perjudicial que resultó incluso más acusado en el caso de las patatas fritas –la probabilidad fue de un 17%. “De forma adicional observamos que si uno de los participantes sustituía una de las raciones diarias de patatas cocidas, horneadas o en puré por un vegetal sin almidón se producía el efecto contrario. Es decir, el cambio se asociaba con un menor riesgo de hipertensión”, informó.

Sin embargo, los propios autores reconocen que “dado que se trata de un estudio observacional, existe siempre la posibilidad de que nuestros resultados pudieran en realidad obedecer a otra causa que no hemos sido capaces de considerar en nuestro análisis”.

Así, y por ejemplo, el estudio no especifica qué tipo específico de patata era consumido por los participantes, si bien los investigadores suponen que se trataba de patata blanca “al ser la que más comúnmente come la población”.


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