El FMI posee un nuevo rostro y ya no impone los temidos "ajustes estructurales" a economías en dificultades, aseguró la directora gerente de la entidad, Christine Lagarde, quien afirmó, al concluir la reunión de primavera del FMI y del Banco Mundial en Washington, que esas son cosas del pasado.
Un periodista ghanés preguntó a Lagarde sobre la "fobia" al FMI que existía en África. Ella respondió con ironía: "¿Ajuste estructural? Eso pasaba antes de mi mandato. No tengo idea qué es. Eso es algo que ya no hacemos", dijo. Los famosos planes de "ajuste estructural", caracterizados por la drástica reducción de gastos públicos, marcaron las décadas de 80 y 90 en África y América Latina, ayudando a construir la fobia a la que aludía el periodista.
Aunque el FMI haya defendido la implementación de políticas de control de gastos a países como Grecia y Portugal, Lagarde afirmó que es necesario "comprender que hemos cambiado la manera en la que ofrecemos ayuda financiera, se basa realmente en la colaboración. Si el FMI es llamado para ayudar se debe a que el país no puede tomar algunas decisiones por su cuenta, que requiere apoyo y que necesita asegurar suficiente financiamiento", afirmó.
El Fondo tiene una "nueva cara" pero "siempre en una sociedad hay un poco de dureza", admitió. Según Lagarde, el éxito de Grecia esta semana es "claramente una señal" de que la ayuda del Fondo "funciona".
Preocupa la baja inflación europea
Además de la preocupación por la urgencia en adoptar medidas para reducir las desigualdades, la reunión del FMI y el BM, a la que asistió el ministro español de Economía, Luis de Guindos, también puso el foco sobre la situación en la zona Euro ante temores de que se desate un proceso de deflación. Ante la débil inflación en Europa y el fortalecimiento del euro, el presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, dijo que "el fortalecimiento del tipo de cambio del euro podría requerir un estímulo monetario". En conferencia de prensa al margen de las reuniones, advirtió que el BCE "no podía ser complaciente" ante la débil inflación en la zona euro.
El nivel de la moneda única europea, que se apreció el viernes a su más alto nivel en tres semanas, afecta la competitividad de los exportadores europeos y frena la inflación, cuyo nivel óptimo para la economía debe rondar el 2%, según el BCE. Pero la inflación anualizada para marzo fue de 0,5%, una cifra que muchos temen sería lo suficientemente débil para obstaculizar la recuperación económica en Europa.
Draghi advirtió que los riesgos no provienen solamente de las amenazas de deflación -una caída prolongada de los precios y los salarios-, sino una inflación baja, que consideró "mala".
Por su parte, Luis de Guindos, como ya recogió Hechos de Hoy, descartó la posibilidad de que Europa enfrente "una deflación a la japonesa", pero admitió que en el caso específico de España, la baja inflación permite una leve recuperación de la economía. En ese escenario, el problema se presentaría "si esta situación de baja inflación se mantiene por mucho tiempo. Pero no es un escenario que nosotros consideremos, en absoluto".




