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MÁXIMA CONEXIÓN

La imponente influencia del impresionismo de Estados Unidos seduce al Museo Thyssen

Un fuerte diálogo y un gran paralelismo entre el impresionismo francés y el estadounidense a través de una exposición que une pinturas de los maestros Degas, Manet y Monet.

Hechosdehoy / Carmen Rodríguez Campos
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A finales del siglo XIX los jóvenes artistas americanos aterrizaban en Francia con el objetivo de conseguir una mayor formación y magisterio. Muchos llegaron a perseguir una formación académica aunque se dieron de bruces con el fenómeno impresionista. Hay que recordar que fue en Estados Unidos donde comenzó esta fiebre artística.

Cuando en 1886 el marchante Paul Durand-Ruel se plantó en Nueva York con las obras de unos artistas franceses rechazados en París, algunos de ellos como Monet o Pisarro, sobrevivían a duras penas. Su estilo fue capaz de inspirar a una generación de artistas que celebraron con gran entusiasmo su gran acogida.

Por ello, el Museo Thyssen de Madrid recoge aquellos ecos en la exposición Impresionismo Americano, que podrá verse desde el 4 de noviembre al 1 de febrero de 2015. Entre las 77 obras de la muestra hay obras de Mary Cassatt, la única artista estadounidense que perteneció al grupo impresionista original.

Asimismo, también se encuentran obras de artistas tan populares como John Singer Sargent y James McNeill Whistler. Pero si de algo se caracteriza esta muestra es de descubrir a aquellos artistas que viajaron a Francia e importaron el impresionismo a las ciudades y pasajes típicos de Estados Unidos.

“Muchos de estos pintores no son muy conocidos en Europa y algunos de ellos empiezan a ser conocidos en Estados Unidos”, aseguró Katherine Bourguignon, comisaria de la exposición.

“Fueron artistas muy viajeros, cosmopolitas. Gente como Childe Hassam o William Merrit Chase vinieron a Francia, viajaron por Europa durante un año y luego volvieron a Estados Unidos. En su vida fueron artistas muy conocidos, ganaron premios y luego fueron olvidados por el camino. Les tomó tiempo aprender el estilo porque muchos de ellos habían acudido a Francia a estudiar pintura tradicional. Y todo lo que era muy modero les asustaba”, continuó.

Hay que recordar que en un principio fue Mary Cassatt, la artista que formó parte de cuatro de las exposiciones impresionistas parisinas. “Es la única que podemos llamar verdaderamente impresionistas americana. Mantuvo una relación de estrecha amistad con el grupo, especialmente con Degas. Pero no fue influyente en los impresionistas americanos. Fueron Sargent y Whistler los que tuvieron seguidores: artistas jóvenes que quisieron conocerles”, comentó.

Tras conocer el éxito que tuvieron los impresionistas franceses, fue Monet quien acaparó la peregrinación. Los artistas de Estados Unidos se agruparon en un pequeño pueblo conocido como Giverny, donde Monet construyó su llamativo refugio de jardines, nenúfares y puente japonés.

Incluso a Sargent le gustaba visitar a Monet. En tres años pasaron a ser un grupo de siete artistas estadounidenses a un grupo de 15 pintando en la villa. Monet permanecía en su jardín, no quería enseñarles, ni estar junto a ellos. Y creo que lo que aprendieron de él es intentar mirar el cambio de luz, la atmósfera”, destacó Bourguignon.

Theodore Robinson fue otro de los artistas que pintaba junto a Monet ya que solo dejaba permanecer a un artista a su lado mientras trabajaba. “¿Por qué pintas tanto Giverny? Vuelve y pinta tu propio país”, le preguntó un día Monet. Y así lo hizo. “Fue William Merrit Chase el primero que empezó a pintar Central Park y parques cerca de Brooklyn. Pequeños cuadros que luego envío a Francia y la gente descubría que Estados Unidos también tenía encanto”, comentó Bourguignon.

“Había una llamada de la prensa a los artistas, en el final de la década de 1890, a pintar su propio país. Tuvieron la decisión consciente de pintar EE.UU. usando el estilo moderno que habían aprendido. Le pasó a muchos artistas, como a Sorolla en España”, recalcó.

Impresionismo americano es la primera muestra en España sobre este fenómeno que trae de vuelta al viejo continente el brillante talento de aquellos pintores estadounidenses. El Thyssen examina con la muestra la honda conexión entre el impresionismo francés y el estadounidense. En sus salas se confrontan las pinturas de Degas, Manet y Monet con las de los entusiastas creadores norteamericanos que descubrieron, adoptaron y desarrollaron este estilo.

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