La primera entrevista concedida por el Rey Juan Carlos I a una cadena de televisión, Televisión Española, en más de una década, despertó un gran interés en la audiencia. Las preguntas realizadas por Jesús Hermida -en las que muchos espectadores echaron de menos alusiones a la Reina Doña Sofía o al escándalo de su yerno Iñaki Urdangarin-, fueron seguidas por 2,7 millones de espectadores.
La entrevista en sí obtuvo un 14,7% de share, quedadando segunda en el ránking del prime time.
El magnífico programa que se emitió a continuación, El legado de la quinta del Rey, en el que personalidades del mundo empresarial, cultural, del periodismo o de los deportes – de César Alierta a Juan Luis Cebrián o Luis del Olmo a Santiago Dexeus, Concha Velasco, José Sacristán o Manolo Santana, interesó a algo más de dos millones de espectadores que se tradujeron en un 10,4% de share.
Jesús Hermida, que es personaje de culto en el mundo de la comunicación en España, no quiso entrar en el barro para que los espectadores pudieran tener la secuencia completa de quien supo reinar y hacerse respetar tras el franquismo asentando una monarquía parlamentaria y constitucional. La imagen del Rey, el 16 de enero de 2012, entre Felipe González, Mariano Rajoy, José Luis Rodríguez Zapatero y José María Zznar habla por sí sola de su reinado. Sólo hubo un ausente, el más importante, Adolfo Suárez, y fue por su cruel enfermedad del Alzheimer. En la imagen tampoco estuvo, por haber fallecido, Leopoldo Calvo Sotelo. Pero allí estuvieron todos los demás presidentes de la democracia (UCD, PSOE y PP).
Hermida no quiso, como destacó Hechos de Hoy, que la memoria de lo reciente -sobre todo la cacería de Botsuana- desplazara del primer plano lo esencial. El Rey pidió perdón a los españoles pero es bien cierto que sólo perdona quien quiere hacerlo. Sobre el futuro, tras cumplir 75 años y asegurar que no abdicará, Juan Carlos I con su franqueza, sorna elegante y espíritu deportivo, sigue fiel a la democracia y libertad que ha defendido y defiende en primera línea. “Habrá monarquía mientras quieran los ciudadanos”, sentenció lisa y llanamente.
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