Desde el primer momento de la abdicación de Juan Carlos I de España debió de comprenderse (y abordarse por tanto ese asunto como cuestión de peso) la importancia de las misiones de Felipe VI en América Latina.
En el mes de julio, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, asistió a la toma de posesión del nuevo presidente de Panamá, Juan Carlos Varela. En el mes de agosto, Felipe VI, como gesto y decisión suya, delegó en el monarca emérito, Juan Carlos I, asistir en Bogotá a la toma de posesión de Juan Manuel Santos, en su segundo mandato en la Presidencia de Colombia.
Ninguna decisión en La Moncloa, sin embargo, ni por parte de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría; ni del jefe de gabinete del presidente, Jorge Moragas, para designar una misión de la máxima relevancia al comenzar el segundo mandato de Dilma Rousseff en la Presidencia de Brasil. A su nueva toma de posesión asistieron 14 jefes de Estado y los vicepresidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y de China, Li Yuanchao. España sólo estuvo representada por el embajador en Brasil, Manuel de la Cámara.
Error político de fuste por parte de España al dejar, como otros países de la Unión Europea, su representación a nivel de embajador. Es obvio que la forma de proceder de los aliados europeos no debe marcar la pauta para España y su relación excepcional con América Latina -el motor de la Cumbre Iberoamericana-. Junto a la importancia política (Brasil es líder de Sudamérica y de América Latina en su conjunto), el peso económico. Brasil supone, junto al Reino Unido, el primer destino de las inversiones españolas en el exterior, con un saldo que supera los 65.000 millones de euros.
En este error grave, la mejor explicación estriba en que faltó percepción política y diseño estratégico de la política exterior española: la peor, es la de dejadez por la fecha incómoda del 1 de enero para dar fulgor al peso político de España. No parece el mejor ejemplo en el año del desembarco español en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente.
– Ver en Hechos de Hoy, El año de los enigmas, excepto País Vasco y Galicia, todos los escenarios están abiertos en España.




