Keiko Fujimori, una mujer dura, que encaja todos los golpes, lideró en solitario la precampaña electoral. Tuvo picos de gran fortaleza. Pero no ha convertido a su partido, Fuerza Popular, en una máquinaria política engrasada y perfecta.
A su favor ha actuado su personalidad y el sello del clan familiar, los Fujimori. Fue también su cruz (ver en Hechos de Hoy, Keiko, Pedro Pablo y Verónika Mendoza en un puño en la pelea para la segunda vuelta).
En su segundo intento por llegar en Lima a Palacio Pizarro, tras ser derrotada por Ollanta Humala, Keiko Fujimori ha tratado de asentar su propia personalidad. De proyectar una imagen de moderación. Y, sin renegar de su padre, Alberto Fujimori, explicar bien quién es Keiko, y que aporta Fuerza Popular para combatir la pobreza, dar dignidad a Perú, y lucha contra la brecha social que es tan lacerante en la propia Lima.
Si Keiko hubiera logrado esta batalla personal, su victoria hubiera sido clara logrando el 50%. Las encuestas internas de Fuerza Popular indican que no será así y que todo está abierto, y en contra, para Keiko en la segunda y definitiva vuelta electoral del mes de junio. Logrará su triunfo este domingo. Ningún sondeo lo puso en duda en Perú. Pero su avance, en una extrañaña y enrarecida campaña, le ha avisado que no hay espacio en Perú para el retorno del fujimorismo. Y que se teme a la sombra de su padre, su posible indulto y su regreso a la escena política.
En el escenario de la segunda vuelta, los sondeos avanzaron que la soledad de Keiko Fujimori será aún mayor.




