En el Teatro Cervantes de Málaga se estrenó la obra El Rey Tuerto, de Marc Crehuet. Eso sí, como largometraje a concurso en la 19 edición del Festival de Cine Español de Málaga. La existencia previa de la obra de teatro homónima auguraba para la película el mismo éxito que obtuvo la obra en los escenarios de nuestro país.
Como era de esperar: no defraudó. El Rey Tuerto se sitúa en el salón de la casa de David, un policía antidisturbios que durante una manifestación le vacía el ojo a un manifestante al dispararle directamente con una pelota de goma.
Un capricho del destino provoca que Nacho, el manifestante tuerto, aparezca en su casa una noche. Es aquí donde comienza una comedia negra sobre la fragilidad de las convicciones sociales y la búsqueda de la verdad.
La cinta refleja de una manera cómica y en tono caricaturesco la naturaleza de los roles sociales. La película se basa en cuatro personajes que se relacionan en un mismo espacio, el salón de una casa. Lo que refleja claramente una influencia teatral en los encuadres y movimientos de cámara y más concretamente en el decorado, que es sencillo a la par que llamativo.
Se trata de una película profundamente áspera e incómoda. Hay algo en ella, un desasosiego interno, que obliga al espectador a posicionarse moralmente en la historia a cada giro de guion. El discurso de las dos Españas se materializa de manera un tanto escurridiza en el plano ideológico, hasta el punto de no saber discernir muy claramente entre las fronteras.
Esta influencia se deriva de dos años y medio de representaciones sobre el escenario, algo que ha hecho que todos y cada uno de los intérpretes interioricen e interpreten su papel de una forma exquisita. Se puede apreciar claramente en cada toma la compenetración y complicidad entre los miembros del reparto.
La ópera prima de Crehuet es una cinta totalmente diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en las salas de cine, ya que logra transportar y dar pase libre al espectador a una obra teatral. El final de la película consigue introducir al espectador, de una manera muy original, dentro de la cinta haciéndoles partícipes de la búsqueda de la verdad que tanto proclama la película.
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