En su primer Mensaje para la Cuaresma desde que asumió el Pontificado, el Papa Francisco volvió a arremeter contra “el poder, el lujo y el dinero que se convierten en ídolos” y que impiden la “distribución justa de las riquezas”. Así lo aseguró en el Aula Juan Pablo II de la Sala de Prensa del Vaticano.
En el mensaje capitaneado por el papa Francisco para la Cuaresma, el periodo anterior a la Semana Santa, el tema principal fue la pobreza material y espiritual. “Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”, aseguró el pontífice.
Del mismo modo, el papa Francisco se mostró preocupado por la que denominó “miseria moral” que “consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. “¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros -a menudo joven- tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía!”, se dirigió a los fieles.
El papa Francisco también denunció que hay muchas personas en el mundo que “se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto a los derechos a la educación y la salud”.
“En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor”, continuó con su mensaje.
Para el pontífice el Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual por lo que no dudó en pedir a los católicos que siguieran imitando a Jesús, “que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana”.
Por último, recalcó que la verdadera pobreza duele y que “no es válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele”. Francisco atacó en el pasado al capitalismo al que calificó como “una nueva tiranía” y aseguró que los grandes salarios y compensaciones son “síntomas de una economía basada en la avaricia y la desigualdad”.




