Todo sucedió en la campaña electoral más inédita en la reciente historia de Brasil con los candidatos subidos a una montaña rusa de emociones demasiado fuertes y sin juego limpio. Con un telón de fondo de una situación económica muy compleja, esta campaña larguísima, de casi un año, ha tenido además multitudinarias manifestaciones que pusieron en jaque no sólo al gobierno sino a todo el sistema político.
El verdadero drama -que destacó Hechos de Hoy– se vivió el 13 de agosto. Aquel día Eduardo Campos y Marina Silva tenían que trasladarse en avión a Sao Paulo. Campos lo hizo en un vuelo particular, Marina, que tiene miedo a volar, prefirió el desplazamiento en un avión comerial. Y lo hizo, como siempre en sus vuelos, rezando y con el corazón en un puño. Ella se salvó y Eduardo Campos murió.
Fue el golpe que cambio todo el escenario. Muerte y milagro. La elección dejó de ser una campaña fácil para Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores, PT) frente a Aécio Neves (Partido de la Social Democracia Brasileña, PSDB), un pulso entre el centro izquierda y el centro derecha. Emergió entonces Marina Silva (Partido Socialista Brasileño, PSB), la candidata del cambio y la renovación. La número dos se convirtió en número uno.
Las apuestas cambiaron. Marina Silva fue pulverizando todas las marcas para ser primera la favorita en la primera vuelta y vencedora destacada en la segunda. Pero en la campaña de la montaña rusa todo cambió. La entrada en acción de Luiz Inácio Lula da Silva tumbó a Marina Silva. Fueron las lágrimas más amargas de quien estaba llamada a ser la gran sorpresa. Perdió la primera vuelta y abrió el escenario de este pulso ahora muy apretado, apretadísimo, entre Dilma Rousseff y Aécio Neves.
Dilma Rousseff, 66 años, exguerrillera en la dictadura, dama de hierro de la izquierda, frente al exsenador y exgobernador Aécio Neves, 54 años, el defensor de un giro liberal, de lucha contra contra la corrupción, y defensor de un programa de crecimiento, control de la inflación y de los programas sociales.
Un total de 142,8 millones de brasileños votan el desenlace de estos comicios presidenciales que tuvieron la primera vuelta electoral el 5 de octubre. Las apuestas están muy divididas.
Si subiéramos a un helicóptero, veríamos que hay un muro,. una frontera, que divide en dos este gigantesco Brasil. El bastión electoral del PT de Dilma está en el noreste, negro y pobre. El sur, la parte más rica de Brasil, se identifica más con Aécio y el PSDB. Sin duda una elección entre Norte y Sur. Pero será la clase media intermedia, afincada en varios estados del sureste de Brasil , y que está dividida al 50% la que tenga la llave del Palacio de Planalto tanto para Dilma Rousseff como para Aécio Neves.






