Apenas un 1% de la riqueza de la Unión, es decir, unos 240 euros por habitante, va a parar al presupuesto anual de la UE, que asciende a más de 120.000 millones de euros al año. Es muy poco comparado con las sumas que corresponden a los impuestos nacionales. Y, sin embargo, este dinero permite financiar políticas importantes que benefician a los ciudadanos.
Para poner estas cifras en perspectiva, la UE publicó un estudio en 2011, en plena crisis económica, en el que destacaba que el presupuesto de la Unión para ese año (129,3 millones de euros) supuso el 1,02% del PIB europeo anual (12.649 millones), cifra que contrasta enormemente al compararla con países como Reino Unido (cuyo gasto público ese año supuso un 48,5% de su PIB nacional), Finlandia (54,8%) o España (45,2%).
¿De dónde viene el dinero de la UE?
Los Estados miembros financian la UE con un 0,73% de la renta nacional bruta de cada Estado Miembro. Sin embargo, estos fondos representan solo dos tercios del presupuesto final de la Unión: La UE tiene además otras dos fuentes de ingresos, pues obtiene recursos propios de los derechos de importación que cobra a los productos procedentes de países no miembros y de un porcentaje del impuesto sobre el valor añadido (IVA) recaudado por cada país miembro.
Además, la UE retiene impuestos sobre los sueldos de su personal, además de recibir las aportaciones de países no miembros a una serie de programas europeos, a lo que hay que añadir los importes de las multas a empresas que vulneran la normativa europea.
¿Cuánto le cuesta al ciudadano el Parlamento Europeo?
En concreto, el funcionamiento del Parlamento Europeo supone un gasto de 3,10 euros al año para cada ciudadano de la Unión Europea, cifra que representa el 37,8% del coste del Bundestag para cada alemán (8,20 euros); el 38,2% de lo que su Parlamento nacional cuesta a cada francés (8,10 euros); el 42,4% del coste que supone para cada británico (7,30 euros) o el 53,4% del gasto al que debe hacer frente cada estadounidense.




