Terminó en el Hospital de la Santa Cruz, el hospicio de los desamparados. No fue hasta el día siguiente cuando el capellán de la Sagrada Familia reconoció aquellos ojos azules. No era un mendigo: era Antoni Gaudí y Cornet, el mayor genio de la arquitectura moderna. Ahora se cumple un siglo de aquel suceso que conmocionó al país y que obligó a cambiar las leyes de auxilio ciudadano. Cien años después, el mito de Gaudí sigue más vivo que nunca, expandiendo su eco incluso hasta lugares donde, oficialmente, nunca llegó a edificar.
El “Gaudí que no fue” en la calle Mayor
Sin embargo, la capital de España estuvo a punto, muy a punto, de albergar una obra auténtica del maestro Gaudí. El vínculo histórico se remonta a 1892. Los empresarios católicos Fernández y Andrés encargaron a un joven, pero ya reputado Gaudí, el diseño de un monumental edificio de viviendas, oficinas y comercios en la mismísima calle Mayor de Madrid.
Gaudí ayudó el reto y llegó a trazar los bocetos del proyecto. Fiel a su estilo incipiente, ideó una fachada revolucionaria para el Madrid castizo y decimonónico, dominada por sus característicos arcos parabólicos y una estructura que habría roto todos los moldes urbanísticos de la Villa y Corte. ¿Por qué no se construyó? El choque cultural y burocrático fue insalvable. El Ayuntamiento de Madrid de la época, encorsetado en normativas estéticas muy rígidas, no entendió la audacia del catalán, y las desavenencias técnicas terminaron por enterrar los planos en un cajón.
Madrid perdió la oportunidad histórica de tener su propio trozo de la Cataluña mágica. Tampoco se sabe mucho de algunos de sus proyectos, muchos de los planos originales de Gaudí se perdieron en el incendio de su taller durante la Guerra Civil española, lo que convirtió la continuación de la Sagrada Familia en un fascinante rompecabezas de interpretación geométrica.
Los rascacielos que Nueva York se perdieron
Hablar de Antonio Gaudí es adentrarse en la mente de un genio que no veía edificios, sino organismos vivos. Su estilo es una mezcla única de observación de la naturaleza, misticismo religioso y una ingeniería revolucionaria que se adelantó décadas a su tiempo. Su vida fue una mezcla fascinante de misticismo, perfeccionismo obsesivo y una capacidad de observación de la naturaleza que rozaba lo sobrenatural.
Tampoco fue un arquitecto de materiales nobles: mármol reluciente, maderas nobles, esculturas pulidas… Él prefirió siempre lo que se ha dado en llamar Trencadís, palabra que viene del catalán trencar que significa romper. Puede considerarse un pionero de la sostenibilidad, que ahora está tan de moda. Se dice que enviaba a sus ayudantes a recoger platos y tazas rotas de las fábricas locales o incluso de las obras de otros arquitectos para crear los mosaicos del Park Güell. Para diseñar el famoso banco ondulado de la plaza central (decorado con trencadís), Gaudí hizo que un operario se sentara sobre yeso fresco para obtener la forma exacta de la columna vertebral humana. Es, posiblemente, el primer asiento ergonómico de la historia.Gaudí fue un gran arquitecto, pero también un gran artesano, que manejaba en su obra Forja, Carpintería, Vidrieras y Cerámica.
Al calabozo por la lengua
El altercado subió de tono y el creador de la Sagrada Familia terminó arrestado por “desobediencia y falta de respeto a la autoridad”. Pasó unas horas en los calabozos de la comisaría, una experiencia que, lejos de amedrentarlo, avivó su leyenda de hombre indómito. Salió libre tras el pago de una fianza de 50 pesetas de la época, abonada a toda prisa por sus colaboradores.
Un legado eterno
Era tan meticuloso que los dibujos, formas y colores que ha creado, sobre todo en el Parque Güell y en la Sagrada Familia los conseguía él mismo uniendo pieza a pieza de los numerosos “escombros” que le traían. Por eso sus obras se eternizaban, en especial la Sagrada Familia. Como él solía decir: “Mi cliente no tiene prisa”. Ahora parece que se vislumbra el final, o casi, con la terminación de la Torre de Jesucristo, la más alta de las 18 torres (172,5 metros) que coincide con el centenario de su muerte y la visita del Papa León XIV. Las 18 torres tienen una jerarquía: 12 para los apóstoles, 4 para los evangelistas, una para la Virgen María y la más alta para Jesucristo.
La torre de Jesús mide exactamente 172,5 metros. ¿Por qué esa cifra exacta? Porque Gaudí no quería que su obra superara a la montaña de Montjuïc (creación de Dios). Él decía: “La obra del hombre no debe superar nunca a la obra de Dios”. Hoy, la estructura principal está terminada y la Sagrada Familia se convierte oficialmente en la iglesia más alta del mundo. Aunque aún quedará pendiente la Fachada de la Gloria y su gran escalinata de acceso para lo que será necesario expropiar y demoler otras casas.
Madrid recuerda al genio catalán
Madrid no conserva sus huellas en el ladrillo, pero este centenario demuestra que la impronta de Gaudí supera las fronteras geográficas. Su muerte despojada y su vida indomable siguen siendo el mejor plano para entender al hombre que aprendió a construir mirando al cielo.





