La ministra de Fomento, Ana Pastor, sabe que llegaron tiempos de tener la maleta hecha no para vigilar infraestructuras en nuestro país sino las que empresas españolas abordan en los escenarios internacionales.
En Ciudad de Panamá nadie discutió su gestión a nivel de las autoridades y de Sacyr Vallehermoso. Según se señaló a Hechos de Hoy, el foco de tensiones hay que buscarlo en las empresas que forman el consorcio agrupado en la alianza estratégica de Grupo Unidos por el Canal (GUPC).
La ministra no hizo una visita fugaz. Estuvo en Ciudad de Panamá todo el tiempo que consideró oportuno para gestiones intensas. La atención sólo estuvo puesta en su visita al Palacio de Las Garzas donde examinó la situación con el presidente Ricardo Martinelli haciendo después los dos una valoración conjunta. Ana Pastor se reunió también con el equipo directivo de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), que preside Jorge Quijano, y con los responsables de Sacyr Vallehermoso y quienes dirigen sobre el terreno una obra fraónica y compleja como es la de la ampliación del Canal de Panamá al paso de los megabuques, una vista que será espectacular sobrevolando la zona desde la isla de Contadora.
Desde que afloró la crisis en las obras, las estrategias han quedado perfiladas. Sayr Vallehermoso quiso que se conocieran las tensiones técnicas forzando el viaje de la ministra con su órdago de paralizar los trabajos por sobrecostes en una obra donde el volcado de cemento es clave. Por su parte la Autoridad del Canal de Panamá, o mejor dicho la fuerte personalidad de su administrador, Jorge Quijano, insistió en que no puede darse ningún paso fuera de marco del contrato de las obras. La ministra le dio la razón dejando claro a Sacyr Vallehermoso que en ningún caso se pueden destinar fondos públicos por parte de España a este litigio. En este conflicto es importante el papel del embajador de España en Panamá, Jesús Silva, en contacto con la ministra en todas sus gestiones.
La mediación de la ministra, que forma parte del círculo de hierro del presidente del Gobierno como apuntó Hechos de Hoy, acercó posiciones entre Jorge Manrique, presidente de Sacyr Vallehermoso, y Jorge Quijano, al frente de la ACP. En todo este asunto -y es una historia parecida a la de las obras en el proyecto el AVE entre Medina y la Meca en Arabia Saudí– las tensiones están originadas por los aliados de las empresas españolas. En el caso de Panamá se trata de la empresa italiana Impregilo, que forma parte del consorcio, y de su consejero delegado Pietro Salini.
Por lo pronto el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) ha lanzado la advertencia seria de que sea otro grupo el que termine las obras. Jorge Quijano aseguró en su intervención ante el Parlamento que no tendrá “ningún reparo en asumir lo que falta del proyecto con algún otro contratista”.
Quijano anunció que “se está planificando por si sucede una situación como ésa". "Si ése fuera el caso, estamos preparados junto con contratistas, subcontratistas, la fuerza laboral que está allí y que puede incluir hasta extranjeros que están trabajando con Grupo Unidos por el Canal (GUPC)”, señaló. Fue sobre todo una advertencia en toda regla a Pietro Salini, consejero delegado de la italiana Impregilo, socio de Sacyr Vallehermoso junto a la belga Jan de Nul y la panameña Cusa. Le faltó tiempo a Salini para abrir un nuevo melón de reclamaciones. Habrá que ver ahora la disposición de Jorge Manrique y su capacidad de gestión al frente del consorcio.




